La “Fortuna” de vencer al olvido

22/10/2018 por

El Foro por la Memoria y los colectivos de familiares de las fosas de Parasimón y Tiraña fueron homenajeados junto al pozo turonés

carmen m. basteiro 21.10.2018 | 09:39

La "Fortuna" de vencer al olvido

La “Fortuna” de vencer al olvido

Alfonso Martínez tiene 97 años y una memoria obstinada. Vuelve siempre al mismo recuerdo: aquella tarde de abril, hace ochenta años, en la que fusilaron a su padre en Tiraña (Laviana). Fue una de las trece víctimas enterradas en la fosa de la localidad. Él, que ahora pasea con dificultad apoyado en un bastón, salvó la vida por su juventud.

Volvió a nacer, dice, y dedicó su nueva vida a un firme propósito: que la memoria de aquellos hombres y mujeres nunca se perdiera. Lo hizo junto a otros hijos de las víctimas como Elías y Tino García y Pilar y Sela Montes. Todos volvían cada año, en la misma fecha, a honrar a sus muertos. Incluso cuando llorar podía costar la vida. Su empeño para que la memoria no se perdiera tuvo ayer premio. Las familias de la fosa común de Tiraña, reunidas ahora en el Grupo “Fosa Tiraña”, recibieron el galardón “Pozu Fortuna”. Lo hicieron ex aequo, en la categoría local, con la Asociación Amigos y Familiares “Fosa Parasimón”. En el apartado nacional, recogió el galardón José María Pedreño, fundador de Foro por la Memoria.

“Me preguntó un guardia civil cuántos años tenía, le dije que 17. Me respondió que entonces no me mataban, que igual hacía falta para ir a la guerra”, cuenta, con lucidez, aunque con la voz gastada, Alfonso Martínez. Es uno de los dos supervivientes de la fosa de Tiraña. La otra fue una mujer que estaba embarazada de ocho meses. Pero una parte de Alfonso sí murió, cuando su padre cayó al suelo sin vida tras el fusilamiento. Junto a él, otros nueve hombres y tres mujeres.

Aquella ráfaga de tiros abrió una honda herida en la localidad. Y aquellos niños, con su valentía, fueron remendándola poco a poco. Pilar Montes también perdió a su padre. Elías García, quizás el que salió peor parado, se quedó sin padre ni madre a los tres años. “Decidimos que todos los años iríamos allí a verlos, a recordarlos”, aseguró Pilar. A veces ni siquiera tenían flores, y les llevaban serrín para asegurarse de proteger los cuerpos.

No temían a las represalias. “No les gustaba un pelo que lo hiciéramos, pero era una forma de estar cerca de ellos”, explicó Sela Montes. Aquel silencioso acto de recuerdo se convirtió en un sonoro homenaje en 1977. Y se repite cada año, el día 21 de abril a las cinco de la tarde. “Gracias a ellos hemos aprendido la importancia de la memoria, de recordar siempre el pasado para no repetir errores”, señaló Yerba Segura, secretaria del Grupo “Fosa Tiraña” y una de las encargadas de intervenir ayer en el acto celebrado en el pozo Fortuna.

Aquellos “guajes” de Tiraña fueron los pioneros de la memoria histórica. Y tras ellos, llegaron muchos más. Como los familiares de Luis Cienfuegos, que este año consiguieron exhumar la fosa en la que se encuentra enterrado. Concretamente en Parasimón, en el alto de Pajares. Fue asesinado junto a otros once hombres: “Es un orgullo para nosotros recoger este premio, que compartimos con todas las personas que nos han acompañado y con todas las víctimas”, aseguraron Luis y Toño Naves Cienfuegos, nietos de la víctima.

La suya es otra historia, y en otro tiempo, de recuperar memoria y de cerrar heridas. La investigación de la fosa Parasimón está aún en marcha y fue financiada con una campaña de “crowdfunding” (micromecenazgo en la red). Quieren seguir trabajando y abrir el otro enterramiento que hay en el entorno: “Nuestro lema es que no quede atrás ninguno”, aseguraron los familiares de Cienfuegos.

Se llevaron aplausos hondos y el galardón del Foro Pozu Fortuna: una escultura que reproduce a pequeña escala la explotación. En esa mina, en San Andrés (Turón), enterraron a cientos de víctimas. Lanzaban a hombres y mujeres desde la caña del pozo, a veces aún con vida. Los vecinos, angustiados por el sufrir de las víctimas, llegaron a lanzar dinamita para que los lamentos cesaran. “Gracias a todos”, dijo ayer, casi en un susurro, Alfonso Martínez. Le tiemblan sus manos, cansadas de trabajar durante décadas en Francia. Temía que lo mataran y se fue, pero siempre volvía el día del homenaje a su padre: “Tenía que hacerlo, porque olvidarlo hubiera sido matarlo otra vez”.

https://www.lne.es/cuencas/2018/10/21/fortuna-vencer-olvido/2367295.html

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