“El susurro de las fosas” Carta a mi abuelo, Pelayo Norniella, en la fosa común de Sobrepiedra

07/03/2017 por

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Querido  abuelo:

Como te prometí, continuo en la lucha para conseguir verdad, justicia y reparación para todas las víctimas del franquismo. No es fácil: os quieren  continuar condenando al silencio, al ostracismo, a lo meramente personal y familiar. Quieren que se olvide las razones de vuestra lucha. Quieren que continúes siendo el “innombrable”, como bien decía en mi prólogo del libro sobre la represión franquista  en Parres y Cangas de Onís.

Hay una campaña para que se abran las fosas que proliferan por todas las cunetas y barrancos de España, abuelo. ¡Que vergüenza: somos el único país europeo que sigue teniendo fosas comunes en el olvido!. El problema, abuelo, es que pretenden que lo hagan entidades privadas,  asociaciones, quienes lo realicen y quieren que se haga sin que el estado asuma su responsabilidad.

Los crímenes del franquismo, al contrario que el de otras países de nuestro entorno, nunca se han investigado. En un principio no se hizo por motivos obvios, pero con la transición y la ley de amnistía se volvió a perder una nueva oportunidad de juzgar a los verdugos y reparar a las víctimas. Pero ¿por qué no se hace hoy?

Abuelo, yo siempre he tenido claro que prefiero que tus restos descansen en el mismo lugar en el que fuiste asesinado. Allí, en Sobrepiedra. Desde luego, estaría muy a favor de que un Juez viniera y exhumase vuestros cuerpos, le hiciera las pruebas forenses pertinentes -incluido el ADN-, se investigase y condenase, si vivieran, a los asesinos y sus inductores, y después, ya identificados los cuerpos, se os enterrase en el mismo lugar, en unas condiciones dignas. Eso me parece bastante mejor que llevarse los huesos a un nicho familiar y “esconderlos” allí para siempre. Vuestras tumbas deben ser un grito, una denuncia, el recuerdo de lo que jamás debemos permitir que vuelva a ocurrir.

Es muy legítimo que otras familias quieran recuperar los restos de sus deudos y enterrarlos junto al resto de su familia, no pretende imponerle a nadie mi forma de entender la memoria, no obstante esto, abuelo, genera varios problemas:

– En primer lugar: “Excavar es destruir”, si se trata de una fosa común y como sociedad queremos denunciar los crímenes cometidos por el franquismo, al excavarla estamos acabando con la posibilidad de denunciar los crímenes allí enterrados.

La legislación forense en vigor, abuelo, dispone que cuando aparezca un cadáver nadie debe tocarlo hasta que llegue un forense judicial. Algo que no suele hacerse en las excavaciones de las fosas de la represión franquista, que en el mejor de los casos,  serán excavadas como si de una tumba medieval se trataran. Pero los delitos contra la humanidad, abuelo, no prescriben y los asesinatos ahí cometidos nunca se han investigado, por lo tanto no procede desenterrar los restos como un yacimiento arqueológico, sino como una fosa donde se ha cometido un delito de lesa humanidad.

– Una vez que los restos han sido desenterrados ilegalmente, ya no hay vuelta atrás.  La fosa ya ha sido destruida para siempre. El día de mañana podrán decir que el franquismo nunca ordenó enterrar personas en las cunetas, porque dichas fosas ya no existirán. Esta posibilidad probatoria se elimina cuando lo que se realiza es un desenterramiento ilegal. ¿Vas entendiendo por dónde van los tiros?

– Cuando hablamos de fosas, abuelo, estamos hablando de crímenes, en concreto de los más graves crímenes que un estado puede cometer en cualquier sociedad o país, es decir, de crímenes de guerra, contra la paz y de lesa humanidad. La exhumación e identificación de víctimas, siguiendo lo dispuesto por el Auto del Tribunal Supremo de 28 de marzo de 2012, corresponde a los Juzgados de instrucción de los lugares donde ocurrieron presuntamente los hechos.

Parece entonces obvio, abuelo, que las exhumaciones deben realizarse siguiendo procedimientos acordes con el derecho internacional de derechos humanos, es decir, han de realizarse en el marco de un procedimiento judicial válido, con todas las garantías. La administración local, central o autonómica, las asociaciones, etc podrán auxiliar a la administración judicial, pero jamás suplantarla (en un estado de derecho).

Es legítimo, abuelo, que las familias de las víctimas queramos conocer los hechos, saber qué ocurrió con nuestro deudo e intentar paliar el daño ocasionado por tener sus restos inhumados en un lugar desconocido por la familia, pasándose más de 70 años sin un lugar al que ir cuando queremos recordar a nuestro familiar. También es legítimo que las familias podamos conocer las circunstancias que rodearon los últimos años de vida de nuestro familiar y las circunstancias de su muerte. Por estos motivos sería lógico exigir que un estado de derecho que ponga al servicio de los familiares los medios necesarios para poder acceder a esa información

Cuando se hace una exhumación por entidades privadas se está acabando con la posibilidad de investigar los crímenes contra la humanidad y el franquismo estará ganando una nueva batalla. No sólo asesinó al familiar cuyos restos buscamos, sino que al desenterrarlo al margen de la justicia, el nacional-catolicismo, abuelo,  vuelve a ganar sobre la memoria del difunto, cuyo crimen quedará por siempre impune.

Entonces, ¿por qué las víctimas del franquismo habéis de tener un tratamiento, distinto a cualquier otra persona? ¿Por qué se os niega vuestro derecho a que los crímenes de los que sois víctimas sean investigados judicialmente, y en su caso, sus victimarios sean enjuiciados y condenados por los crímenes cometidos?.

Las exhumaciones de fosas del franquismo, abuelo, han sido ampliamente difundidas por los medios y han contado además con la mayor parte de la financiación que, desde Moncloa, se distribuyó para estos fines “memorialísticos”. De esta forma los desenterramientos ilegales se han convertido en el eje central que ha permitido la ocultación de la cuestión de fondo, esto es, el reconocimiento jurídico de las víctimas. Cuando el actual sistema que nos gobierna, impulsa las exhumaciones privadas, su único objetivo es seguir manteniendo el actual sistema de impunidad, negando para siempre el derecho de las víctimas a la verdad, a la justicia y a la reparación.

Para acabar con la impunidad únicamente hay una vía: una ley emanada del Parlamento español, que condene jurídicamente ilegales el régimen franquista, sus leyes represivas y sus tribunales, y que declare nulas de pleno derecho sus sentencias.

Lo demás, abuelo, es seguir en su empeño de manteneros en vuestra condición de “innombrables”. Quieren negaros los principios de “verdad, justicia y reparación”. Prefieren que se os esconda, avergonzados, como ya se hacía durante el franquismo, donde el silencio y la vergüenza eran la única posibilidad de supervivencia: hacer gala de familiar de una víctima podía pagarse muy caro y el silencio era una forma de proteger a los niños de aquellos tiempos de más represalias.

Se que hay mucha gente, abuelo, que reivindica de buena fe las exhumaciones de las fosas, sin ser conscientes de lo que ello significa. Pero también se que muchos otros lo hacen desde el interés en cerrar un “capítulo incomodo” para la biografía familiar y para el “pedigree” de demócrata que ahora tantos se arrogan. Tan fino, abuelo, que una leve brisa lo hace desaparecer.

No quiero pensar -o prefiero no pensarlo- que algunos puedan hacerlo por el mero interés crematístico, por más que la caza de subvenciones sea uno de los deportes en boga en esta nueva España que se erigió sobre el olvido de vuestros huesos y vuestra  memoria . Espero no equivocarme.

Lo que si te prometo, abuelo, es que yo continuaré reivindicando porque obtengas verdad, justicia y reparación. Continuaré velando porque se conozca que fuiste asesinado por tus ideales y que unos fascistas se levantaron contra el Régimen Democrático Republicano que tú defendías y por unos valores de solidaridad para toda la humanidad y de justicia social. Que dichos golpistas, los “matones” de los privilegiados, se dispusieron no sólo a acabar con el, sino que quisieron acabar con dichos ideales, asesinando a todos aquellos que los defendían.

Lamentablemente, abuelo, lo que creíamos a la llegada de una nueva democracia para nuestro país, sólo fue un engaño para perpetuar en el poder a quienes instigaron a vuestros asesinos. Por eso os siguen condenando a la “innombrabilidad”. No lo permitiré, abuelo. No cejaré en la lucha. Para ello, tendrían que meterme a mi también en otra fosa común.

Voy a hacer que hasta el viento les susurre tu nombre a tus asesinos. Quizá no a los ejecutores, que ya están muertos, pero si a sus instigadores. Te lo juro. Una vez más.

 

Ruben Norniella, Arriondas 7 de marzo de 2017

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