Asturias: Campaña de reconocimiento a los asturianos deportados a Campos de concentración nazis

06/05/2018 por

Asturias: Campaña de reconocimiento a los asturianos deportados a Campos de concentración nazis

       

Adhesiones:

ASOCIACIÓN LÁZARO CÁRDENAS

GIJONSOCIALISTA

ARA (ATENEO REPUBLICANO DE ASTURIAS)

SOCIEDAD CULTURAL GIJONESA

 

Este año se cumplen 73 años de la liberación de los campos nazis. Poco a poco, las
voces de las víctimas se están apagando. Esta realidad debe comportar una renovación
responsable y comprometida de su mensaje, expresada en los juramentos hechos en los
diversos campos después de la liberación, bajo el lema del Nunca Más.
Entre 1940 y 1943, casi 9.000 españoles republicanos fueron internados en campos
de concentración por la Alemania nazi, donde muchos perecieron. La mayoría de los poco
más de dos mil que lograron sobrevivir no regresaron nunca a su país. De ellos 185
asturianos, incluyendo 4 mujeres, 95 perecieron en los campos, 58 fueron liberados, 1 se
evadió y de los 30 restantes no se tienen datos.
Su rastro quedó olvidado y menospreciado tanto durante la España franquista como
en la democracia.
En estos momentos, debemos recordar que el término "víctima" es universal, pero a
la vez enfatizar en las víctimas de nuestro país, 10.000 deportados aproximadamente,
además de los que participaron en la Resistencia francesa, muchos de los cuales fueron
encarcelados y asesinados. Pero también es indispensable recordar que más allá de las
víctimas directas, sus familias y su entorno también sufrieron las consecuencias y que todas
ellas fueron personas vinculadas a la historia del país, con trayectorias personales, políticas y
sindicales diversas. Las secuelas del exilio, la persecución y la deportación no sólo afectaron
a toda una generación, por el vacío cultural, político y sindical que dejó, sino que significaron
una pérdida irremediable para las generaciones posteriores.
Las víctimas de los campos nazis no lo fueron por azar, sino como resultado de su
posición en defensa de la República, derrotada por las armas fascistas, y que los abocó al
exilio. Fueron enemigos de Franco y enemigos de Hitler y por esta condición acabaron
siendo deportados a los campos del Reich. Su deportación no hubiera sido posible sin el
abandono del régimen colaboracionista de Vichy y sin la aquiescencia, por parte de la
Dictadura franquista, para que estos prisioneros de guerra fueran puestos en manos de la
Gestapo y calificados como apátridas.
Además, la culpabilidad de la Dictadura franquista se extendió a lo largo de 40 años,
al mantener la estigmatización de los vencidos en la guerra y sus familias, al negar los
derechos morales y materiales a los antiguos deportados y a sus familias y al impedirles
constituir una asociación para su amparo, en contraste con lo que sucedía en la mayoría de
los países de Europa.
En el año 2016 la República Francesa concede su máxima distinción, la Legión de
Honor, a Manuel Alfonso, Virgilio Peña, Juan Romero y José Alcubierre. Cuatro españoles
deportados en los Campos de Exterminio nazis. Por el contrario el Estado español sigue
ignorando el dolor sufrido por miles de Republicanos españoles deportados con la
complacencia del gobierno franquista. Entre estos miles, cerca de 200 asturianos pasaron
por Mauthausen, Gusen, Buchenwald, … entre otros campos de muerte.
Ya en 1996 el Ateneo Obrero de Gijón comenzó a homenajear a los deportados en los
campos nazis y, en el año 2000, por iniciativa de nuestra añorada Angelita Andrada, de
Amical Mauthausen, la Junta General del Principado, junto a 45 ayuntamientos asturianos,
erigió el monumento a los Deportados Asturianos en los Campos Nazis, obra del arquitecto

Luis Estebánez. Desde entonces el Ateneo Obrero de Gijón realiza su particular homenaje,
en forma de ofrenda floral ante este monolito.
Actualmente, quedan pendientes deberes con la historia y la memoria, dado que
existe todavía un desconocimiento del alcance de la deportación republicana, incluso
ignorada por los mismos familiares, y una falta de integración de su trayectoria con la
historia de España y Europa, como resistentes a la ocupación nazi en Francia y también
como luchadores antifranquistas.
De la misma manera que hicieron los deportados y deportadas supervivientes a
muchos campos, con el juramento del Nunca Más, que incorporaba el anhelo de libertad,
igualdad y justicia social, corresponde, hoy, honrarlos y recordarlos con la renovación de su
compromiso.
Por tanto, aún está pendiente que la sociedad asturiana en su conjunto, realice un
homenaje a todos aquellos que sufrieron la barbarie del fascismo. Por ello desde la
Federación Asturiana Memoria y República (FAMYR), la Amical de Mauthausen y el Ateneo
Obrero de Gijón se inicia una campaña de reconocimiento a las víctimas asturianas en los
campos de concentración nacional-socialistas tanto a nivel de ayuntamientos como a nivel
de la Comunidad Autónoma, que incluye:
1º.- Expresar el reconocimiento y homenaje institucional a las víctimas del nazismo
que sufrieron el horror de los campos de concentración y, en particular, a asturianos y
asturianas. Reconocimiento y homenaje extensible a sus familiares. Lectura del nombre de
las víctimas.
2º.- Impulsar cuantas acciones y actos se consideren oportunos para promover la
memoria de estas víctimas. En concreto:
2.1.- La colocación de un monolito o escultura en memoria y reconocimiento a los
hombres y mujeres deportados a los campos de concentración nazis entre 1940-1945.
Realización de un acto institucional de reconocimiento si ya existiese monolito al respecto
en la fecha del aniversario.
2.2.- La presencia institucional del Gobierno Asturiano en los actos internacionales de
conmemoración que se celebran en el campo de Mauthausen con ocasión del aniversario de
su liberación, colocando una placa que deje constancia del reconocimiento de la provincia
de Asturias.
3º. Reconstrucción de las listas de víctimas y represaliados asturianos en los campos
de concentración alemanes. Se creará un Censo de víctimas con el objeto de conocer y
difundir la magnitud de la represión ejercida sobre el pueblo asturiano y posibilitar, así, la
obtención de reparación por parte de las víctimas.

Por todo ello, las siguientes entidades, solicitamos dicho reconocimiento al Gobierno del
Principado de Asturias y a los Ayuntamientos asturianos:
-FAMYR (Federación Asturiana Memoria y República)
-Ateneo Obrero de Gijón
-Amical de Mauthausen

 

Si quieres colaborar, puedes enviarnos un mail a: famyr@memoriayrepublica.org

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Xixón: Acto de homenaje a las víctimas de los campos de concentración Nazi

06/05/2018 por

En el día de hoy hemos participado en el acto de homenaje a las víctimas de los campos de concentración Nazi,organizado por el Ateneo Obrero de Xixon, la Sociedad Cultural Gijonesa y la Logia Rosario Acuña.En dicho acto expusimos la iniciativa,de la cual Famyr es copartícipe, de reconocimiento social e institucional a los/as asturianos/as que pasaron por dichos campos,y que en breve comenzarán a llegar a los ayuntamientos y al gobierno de Asturies,con el apoyo de organizaciones memorialistas y republicanas.En el acto se leyeron los nombres de los/as asturianos/as que estuvieron en dichos campos

En el acto estuvo también presente Alejandro Villa,Presidente del Ateneo Republicano de Asturies,los concejales de Xixon José Ramón García (PSoE),Verónica Rodríguez (Xsp) y el dirigente de Iu Javier Suárez Llana.Posteriormente se hizo la ofren

da floral en el monumento «Nunca Más», y se bajó a la casal natal de la feminista Rosario Acuña,donde las organizaciones antes citadas,junto con la Tertulia Feminista Les Comadres, representada por la excaldesa de Xixon Paz Fernández Felgueroso, hicieron una glosa de la vida y obra de tan insigne gijonesa,poniendo en valor su pensamiento en relación a episodios machistas como la sentencia de «la manada».un acto muy emotivo,que continúa en la línea de colaboración de las organizaciones republicanas y memorialistas de Xixon,que el próximo Sábado 12 de Mayo a las 12 de la mañana harán un homenaje a la política y feminista Clara Campoamor en la calle que lleva su nombre

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Clara Campoamor o la «intransigencia feminista»

25/04/2018 por

Acaba de ser 14 de abril, de nuevo. Una vez más, sacamos la bandera tricolor para celebrar la memoria del país que pudo ser y de quienes dieron su vida, desde 1936, por que no dejara de serlo. Suelo echar en falta, en los últimos años de una forma cada vez más consciente, las ausencias del feminismo en la reivindicación republicana: no es muy corriente que el nombre de Clara Campoamor, o el de la almeriense Carmen de Burgos, el de la también diputada María Lejárraga, se festejen estos días en relación con los sucesos de abril de 1931, si no es en el específico de la acción feminista. De algún modo, parecería que la memoria de esas mujeres de Estado que tuvieron un papel principal en la defensa de los valores republicanos y, sobre todo Campoamor, en el logro de la igualdad y la democracia radical, no se incorporó en origen a la recuperación y reivindicación de aquel período desde la llamada transición a la democracia. Me atrevo a lanzar una hipótesis polémica: quizá la izquierda de hoy —por desgracia España no tiene partidos de centro o de centro-derecha con valores republicanos, sino que son todos de vivan las caenas, del PSOE actual a Ciudadanos— seguía pensando que el voto de las españolas, aprobado en 1931, ejercido por primera vez en 1933, era el culpable de tantos males como trajo el gobierno conservador de la CEDA en los dos años siguientes.

 

Si cuarenta años de dictadura tras una guerra civil suponen una pérdida de memoria para todo un pueblo que exige una enorme tarea de investigación y rescate para restañarse, en el caso de la genealogía de las mujeres en su acceso a la esfera pública de la ciudadanía y los plenos derechos, la tarea se vuelve titánica. Llevamos décadas en ella, justo es decirlo, pero todavía hoy tenemos mucho por hacer con figuras como la que me convoca en esta ocasión republicana, paradigma de un nuevo modelo de mujer partícipe y no sumisa que cristalizó entre los años veinte y treinta del pasado siglo. Me refiero a Clara Campoamor, responsable de que la Segunda República española fuera una democracia cierta al consignar la igualdad total en su Constitución, en un artículo 25 del texto que señala algo tan revolucionario y tan sencillo como que el sexo, ser hombre o mujer, no puede ser objeto de ningún tipo de discriminación o privilegio.

 

A partir de ese principio elemental, puede Campoamor elevar una defensa del derecho al voto de las mujeres frente a la práctica totalidad del Congreso, pero también puede reconocer la nacionalidad de la mujer casada, erradicar el delito de adulterio, luchar por el establecimiento del divorcio y, en consecuencia, del matrimonio civil, promover la investigación de la paternidad o dar el mismo tratamiento jurídico e idénticos derechos a los llamados hijos “naturales”; aquellos que nacían fuera de la bendición de una unión religiosa, dignificando así, al tiempo, a la tan anatemizada madre soltera. Todo esto, toda su labor desde 1931 hasta la victoria del Frente Popular, lo dejó contado ella en un texto autobiográfico de título elocuente: El voto femenino y yo. Mi pecado mortal, publicado en la fecha infausta de junio del año 36. Pero antes de adentrarnos en el libro, que acaba de reeditar Renacimiento en la biblioteca que está dedicando a la autora, vamos a hacer una pequeña reflexión bibliográfica.

 

 

 

 

Esta maravilla para conocer la intrahistoria de la lucha por el sufragio justo, por el voto de las mujeres, por la radical igualdad en el seno de un régimen que sólo desde ella, con justicia, con plena democracia, podía ser digno de llamarse República, no parece que forme parte del patrimonio de la historia constitucionalista, legal y republicana de España. Es comprensible: Campoamor pone negro sobre blanco el volumen de miseria moral y escasa técnica jurídica que gran parte del arco parlamentario desplegó para negar el derecho al voto a las mujeres. No se salva nadie, ni los suyos, los minoritarios partidos republicanos, todo ellos de tendencias progresistas en todo lo demás; ni algunos integrantes del PSOE que, no obstante, mantuvo la coherencia de defender el sufragio de las mujeres lo suficiente como para que, a pesar de los discrepantes de sus filas, se lograra el derecho. Así se explica que este testimonio político fundamental sólo nos haya interesado a las mujeres desde que en 1981 se publicó de nuevo por Lasal, Edicions de les Dones, en Cataluña. Con la excepción de una de bolsillo que debemos al diario Público, el resto de las ediciones conocidas provienen del Instituto Andaluz de la Mujer o de la editorial Horas y Horas, de la Librería de Mujeres. Renacimiento, en su empeño de rescatar la memoria republicana, está incorporando por suerte y en el conjunto de esa mirada global sobre aquella cultura política y aquel tiempo histórico, toda la obra de Campoamor.

 

Un segundo excurso bibliográfico: una mujer tan fundamental como ella, que de la más absoluta nada, de ser una nadie, una hija de la ínfima clase media de Madrid, que es tanto como decir una mujer condenada a ser una de tantas Matildes, de las “mujeres obreras” de Luisa Carnés; una nadie, en realidad, como la propia Luisa Carnés, consigue torcer el curso de su historia, formarse ya adulta, obtener la licenciatura de Derecho, ser pionera en defender casos, en abrir su bufete, en colegiarse, en conferenciar sobre asuntos jurídicos desde la perspectiva de género y de los incipientes derechos humanos, llegar a ser diputada, darnos a las mujeres un motivo de orgullo cada abril republicano… una mujer tan fundamental como ella apenas ha sido investigada. Es decir, si alguien quiere saber quién fue Clara Campoamor, tiene que buscar en bibliotecas o en librerías de viejo la biografía que elaboraron Concha Fagoaga y Paloma Saavedra allá por 1981 (con una reedición ampliada a mitad de los dos mil, llevada a cabo por el Instituto de la Mujer y también descatalogada), y puede tener la certeza de que aunque se ha ampliado un poquito el conocimiento en los detalles o las anécdotas, tampoco se ha dicho mucho más con relevancia de lo que ya ellas consignaron hace cuarenta años. No tenemos ediciones de sus artículos hasta la guerra, sólo desde el año pasado podemos leer algunos de los que publica en el exilio en la prensa argentina, gracias de nuevo a Fagoaga y a la editorial Renacimiento. Las fundamentales conferencias de los años veinte, que se pusieron a disposición pública con una edición institucional en Madrid también en 2007, están perdidas para la memoria de la teorización feminista española, siendo no obstante tres piezas que valen su peso en oro para entender de dónde venía el feminismo decimonónico español y en qué punto se encontraba en los años previos a la República.

Resumo los excursos: Clara Campoamor es una suerte de madre constitucional olvidada de demasiadas personas, lo que abona el campo a las gloriosas perlas históricas que disfrutamos últimamente a cuenta del significado de la palabra “liberalismo”, bajo la que se adscribe sin duda Campoamor pero no menos, o no sin relacionarla de forma indisoluble con la palabra “república” y, claro, con “feminismo”, por no hablar del progresismo decimonónico español y todas sus batallas perdidas: del año 1812 a 1873. Así la describió un colega de hemiciclo como forma de criticar el trabajo constituyente de la abogada, empeñada en que nadie le tumbase una hoja de ruta clarísima que empezaba en la igualdad escrita en la ley para acabar con las mujeres como sujetos de pleno derecho en todos los ámbitos de la vida: se habló de ella como “la intransigencia feminista”. Lástima que esa parte no suene tanto en la reivindicación sesgada y cándida de su figura que se quiere hacer desde el espectro conservador.

 

Vamos al libro que, insisto, Renacimiento pone de nuevo en circulación y yo convertiría, si pudiera, en lectura obligatoria de cualquier clase de Historia que quisiera hablar de sufragio en su complejidad y prestando atención a lo más importante que puede decirse de éste, una vez se le concede a la totalidad de los varones después de 1868, que es el momento en el que se vuelve verdaderamente universal y es también un derecho de las mujeres, sin condiciones. Una pequeña nota biográfica: cuando Campoamor se decide a dejar por escrito cómo llegó al escaño y para qué lo empleó, se encuentra en un momento político complejo pues su intransigencia feminista le granjeó el apartamiento de los que habían sido sus compañeros y de la posibilidad de integrar listas de esos partidos republicanos que no le perdonaron la forma exquisita en la que metió el dedo en la llaga de sus contradicciones, miedos y mezquindades. La autobiografía es, así, un repaso ordenado, pegado al diario de sesiones, de las cosas que se dijeron y de quién lo hizo para negar a las mujeres la plenitud de los derechos ciudadanos, incluyendo los momentos de insultos, de risas, de violencia, que le tocó vivir en una cámara aquejada, el 1 de octubre de 1931, de lo que la propia Campoamor llamó “histerismo masculino”.

 

Quienes no conozcáis su prosa os descubriréis ante una cronista bárbara, divertida, mordaz, con una capacidad de contar algo tan farragoso como un debate de detalle jurídico con viveza y sin perder rigor, de forma que hasta quienes no venimos del ámbito verbal de los estudios jurídicos nos enteramos de algo. Quizás esa es la gran virtud del libro: que te enteras, claro que sí, de todo lo sucedido cuando tras las elecciones de 1933 se encontró a la culpable perfecta de que las minorías republicanas perdieran el gobierno en favor del totum revolutum de partidos monárquicos y de derechas, la CEDA, y del republicano oportunista por excelencia, Alejandro Lerroux, que se avino a una mala relación con Gil Robles. Campoamor explica, para poner en coto esa acusación de que sus compatriotas votaran lo que les había dicho el cura para echar a perder la República, algo que nos puede resultar contemporáneo: era la ley electoral republicana, que no permitía coaliciones electorales a posteriori pero sí favorecía las agrupaciones previas, la que condenó a esos partidos que en el año 31 fueron capaces de ir de la mano con el PSOE pero para 1933 estaban a la gresca; asunto que, claro, remedian bajo el manto fuerte del Frente Popular para el año 36. Era el marco dado y su ingenuidad, no que cada española de entonces votara lo que le saliera del coño, lo que puso en peligro la República.

 

Eran las mujeres, sin embargo, las culpables de los males de un régimen que viraba a la derecha sin frenos y sin control, y no la tibieza del republicanismo patrio a la hora de encarar el problema religioso, a la hora de meter mano a los terratenientes y llevar a cabo una reforma agraria aplazada desde la Ilustración, a la hora de asegurar que las condiciones de vida y de trabajo de la gente más humilde se garantizaban lejos de los centros urbanos y cerca de aquella España otra, oscura y caciquil, que si aún colea hoy, seguía teniendo amplio margen de maniobra en aquel entonces. Pero fueron las mujeres, poco educadas porque nunca se les ha permitido la educación; beatas porque se había querido refrenarlas con el adoctrinamiento religioso, evitándoles el ejercicio de la libertad individual, no fuera a ser esta camino previo a mandar a la mierda a más de uno; ignorantes porque se les censuraron los libros y se les puso en las manos el papel couché de entonces y el vicio de la moda; arteras porque en lugar de espíritu y dignidad se les había conducido a la caza indiscriminada de marido y a la molicie y la mentira no fuera a ser, insisto, que dijeran hasta aquí. En un repaso que quienes conozcan las obras de Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán o Rosario de Acuña no les va a resultar ajeno, Clara Campoamor vuelve, por enésima vez, a deshacer en sede parlamentaria los argumentos sobre el cerebro de las mujeres, sobre su mayor o menos capacidad intelectual en relación con los derechos reales a la educación reglada, sobre si están sometidas o no al poder eclesiástico porque sí, la Iglesia activa muy rápido su defensa del voto y la movilización de sus fieles de sexo femenino, pero los señores republicanos no se molestan en absoluto por atraer a las mujeres a su causa, cosa que, y vuelvo al principio, hicieron de forma denodada desde la proclamación del día 14, la periodista y escritora Carmen de Burgos y las diputadas Lejárraga y Campoamor.

 

Este libro que parece que sólo leemos las feministas debería ser, digo, lectura de todo el mundo para entender cómo se peleó en el derecho y la dialéctica nuestra condición jurídica íntegra, humana, digna. Lectura obligada para llegar a esta mujer fundamental, dueña de una prosa de lectora empedernida, criada a las faldas de las redacciones de los periódicos, orgullosa de sí como puede estarlo quien sale de la nada para conseguir, no sólo su propia realización, sino el empeño mayor aún de que las demás nadies, las que han tenido menos suerte o menos tesón que ella, tengan derecho y dignidad en cada palabra de la ley. Regalaos la oportunidad de leer una vez más a Clara Campoamor, de que cada vez más el 14 de abril podamos celebrar algo que se diluye pero es central en la historia del feminismo hasta entonces: que ellas sabían, todas ellas sabían, que sin república no puede haber democracia y sólo en el régimen de libertad, igualdad y hermandad de una república las mujeres podríamos ser, por fin, personas.

Clara Campoamor o la «intransigencia feminista»

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El homenaje a la República en El Fitu evidencia la ruptura de la izquierda

23/04/2018 por

Homenaje a los republicanos caídos en la Guerra Civil y la dictadura, ayer en El Fitu. /  NEL ACEBAL
Homenaje a los republicanos caídos en la Guerra Civil y la dictadura, ayer en El Fitu. / NEL ACEBAL

El acto se celebra por segundo año sin el PSOE de Parres, al que IU y Podemos acusan de «romper la unidad» y «aliarse con la impunidad»

GLORIA POMARADA ARRIONDAS.

El homenaje a las víctimas republicanas en El Fitu confirmó ayer la senda de la escisión en la que, desde el pasado año, se encuentra la izquierda parraguesa. El acto que tradicionalmente se celebra el sábado posterior al 14 de abril -este año se trasladó al domingo por coincidir con la manifestación por la oficialidad de la llingua- contó de nuevo con una ausencia destacada, la de los socialistas. El PSOE sí rindió homenaje a los combatientes republicanos que fallecieron durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, pero lo hizo en solitario y una semana antes de la fecha habitual. Allí estuvieron el alcalde parragués, Emilio García Longo, el diputado socialista y exregidor Marcos Gutiérrez Escandón o la secretaria de organización de la FSA, Gimena Llamedo. Una separación que lamentaban Rubén Norniella, de Podemos, y Silvia Iglesias, de Izquierda Unida, a los pies del monolito: «Es una pena porque siempre se ha hecho desde la unidad, si ellos apuestan por romperla, entiendo que es incómodo estar con nosotros», lamentó Norniella, miembro también de la Federación Asturiana Memoria y República (Famyr). Sobre los motivos de la ruptura, el responsable de Memoria Histórica en Podemos afeó al PSOE no haber dado explicaciones y atribuyó la decisión a una «jugarreta». Los primeros problemas, apuntó, comenzaron cuando «entra Podemos», una actitud que tachó de «sectarismo».

Más allá de la división escenificada en El Fitu, «el problema» para Podemos e Izquierda Unida es que el PSOE «se ha alineado claramente con la impunidad. Lo acaban de hacer en el Parlamento español, impidiendo que se anulara la Ley de Amnistía y que por lo tanto el franquismo pudiera ser juzgado», criticó Norniella, que recordó que «también en el Parlamento asturiano han impedido que se declarasen nulas las sentencias del franquismo, eso es dejar el camino a la impunidad».

La decisión del PSOE de votar en contra de la reforma de la Ley de Amnistía, propuesta en el Congreso de los Diputados por Podemos y sus confluencias, ERC, PNV, PdeCAT, Compromís Bildu y Nueva Canarias, es «muy triste» para Norniella, que apuntó que son los socialistas quienes «más tendrían que luchar por la memoria, porque muchos de los muertos son afiliados y militantes suyos, traicionan a su propia gente, a sus propios muertos». También al PP se dirigió Norniella, partido al que instó a «elegir»: «O está con los fascistas o está con los demócratas»

Desde IU y Podemos atribuyen a una «jugarreta» del PSOE su ausenciaLos socialistas celebraron la pasada semana un homenaje en el mismo lugar

El Sella, la «línea Maginot»

Además de reproches, el acto de El Fitu sirvió también para evaluar el grado de cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica, aprobada hace once años. El representante de Famyr recordó que «aún hay muchos símbolos franquistas, por ejemplo en los edificios que eran de protección oficial, donde aún sigue el yugo y las flechas. También hay muchas calles que homenajean a franquistas». Actualmente, el Principado tiene en marcha la elaboración de un catálogo que identifica vestigios de la Guerra Civil y la dictadura franquista.

Esos «vestigios arqueológicos» de la contienda, expuso Rubén Norniella, «son enormes» en la comarca oriental, a la que comparó con la línea Maginot francesa -defensa militar construida para evitar la invasión nazi- por su potencial tanto «histórico y memorialista» como «turístico». «Aquí tenemos la línea Maginot cantábrica, en toda la ribera del Sella hay montones de casamatas y búnkeres, es algo que se podría aprovechar muy bien», propuso. En Francia, ese sistema de fortificaciones que se extiende a lo largo de 400 kilómetros, «es un recurso turístico de primer orden, que aquí no seamos capaces de aprovecharlo habla muy mal de nosotros, sobre todo con la importancia que el turismo tiene en esta comarca», indicó el miembro de Podemos.

http://www.elcomercio.es/asturias/oriente/homenaje-republica-fitu-20180423001903-ntvo.html

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La comunidad educativa rechaza cambiar el nombre al colegio Julián Gómez Elisburu

19/04/2018 por

La Plataforma Memorialista considera que hace referencia a «un insigne falangista» y recomendará que se modifique

LAURA CASTRO GIJÓN.

«No nos negamos a nada, pero la realidad es que la comunidad educativa y especialmente las familias no quieren cambiar el nombre del centro». Así lo aseguró ayer la directora del colegio Julián Gómez Elisburu, Luisa María Lendinez, tras conocer que la comisión de expertos en memoria histórica del Principado recomendará finalmente que se modifique su denominación por considerar que hace referencia a «un insigne falangista».

No es la primera vez que este debate se pone sobre la mesa de la dirección del centro. De hecho, hace más de cinco años llevaron a cabo una encuesta entre las familias, quienes se pronunciaron a favor de mantener el apellido Elisburu y eliminar el nombre de quien fuera el jefe local de Falange Española. Sin embargo, el equipo directivo de aquel entonces decidió finalmente no hacer ningún cambio. «La mayoría no sabe quién fue ni reconocen su connotación falangista. Hay padres y madres que ya estudiaron en este colegio y llevan toda la vida llamándolo así», aseguró la presidenta del AMPA, Laura Gil.

Sin embargo, en el catálogo elaborado por el Principado se incluye la denominación de este centro educativo entre los 89 vestigios franquistas de la región y la comisión de expertos en memoria histórica recomienda cambiarlo, a petición de los representantes del Ateneo Obrero de Gijón, la Federación Asturiana de Memoria y República y la Asociación Lázaro Cadenas, unidos en la Plataforma Memorialista de Xixón.

«Las normas y las leyes están para acatarlas, pero en toda aplicación hay que tener cierto margen de flexibilidad. Si la comunidad educativa y los vecinos de Pumarín no identifican el colegio Elisburu con ninguna connotación franquista ni falangista, hay que escucharlos y tener en cuenta su opinión», señaló la concejala de Educación, Montserrat López.

«Seguirá siendo el Elisburu»

Los vecinos de Pumarín, sin embargo, se mantienen al margen y prefieren apoyar la postura que tome el centro escolar. «Nadie se ha puesto en contacto conmigo por este tema, pero creo que aunque le cambien el nombre al centro la gente seguirá llamándolo Elisburu», comentó el presidente de la asociación vecinal, Esteban Calleja.

Una postura similar a la que adoptan las familias. «Siempre lo conocí por ese nombre y seguiré llamándolo así aunque se lo cambien», aseguró Isabel Fernández, abuela de un alumno del centro. «Es historia de España. ¿Qué más da si era falangista? El nombre no influye en nada», indicó María Ascensión González, quien esperaba a la salida del colegio a su nieta de diez años.

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¿Un falangista puede dar su nombre a un colegio público?. El colegio Julián Gómez Elisburu, en el punto de mira de la memoria histórica

19/04/2018 por

Por la izquierda, la historiadora Carmen García (Universidad de Oviedo), Daniel Bayón (FACC), Consuelo Tello (asesora técnica de memoria histórica del Principado), Encarnación Vicente (directora general de Justicia), Guillermo Martínez (consejero de Presidencia), Otilia Requejo (directora general de Patrimonio) y Concepción Paredes (directora del Archivo Histórico de Asturias), durante la reunión. /  ARMANDO ÁLVAREZ
Por la izquierda, la historiadora Carmen García (Universidad de Oviedo), Daniel Bayón (FACC), Consuelo Tello (asesora técnica de memoria histórica del Principado), Encarnación Vicente (directora general de Justicia), Guillermo Martínez (consejero de Presidencia), Otilia Requejo (directora general de Patrimonio) y Concepción Paredes (directora del Archivo Histórico de Asturias), durante la reunión. / ARMANDO ÁLVAREZ

El Principado elabora un catálogo con 89 vestigios franquistas y recomienda mantener el escudo de la Laboral, mientras que la denominación del centro educativo genera dudas

A. VILLACORTA GIJÓN.

El escudo franquista que preside la Universidad Laboral de Gijón debe pertenecer en su sitio, al tiempo que se descarta también la colocación de una placa o panel informativo que explique su origen. Esa es una de las conclusiones a las que han llegado los especialistas que forman parte de la comisión de expertos en memoria histórica que, a instancias del Gobierno del Principado, acaban de elaborar un borrador del catálogo de vestigios y huellas de la guerra civil y la represión franquista. Un mapa preliminar en el que se han detectado 89 de estos símbolos en Asturias y en el que no ha corrido, en cambio, la misma suerte el colegio público Julián Gómez Elisburu, enclavado en el barrio gijonés de Pumarín, ya que los especialistas albergan «serias dudas» sobre si el centro educativo debe conservar o no el nombre de «un insigne falangista», según han denunciado ya representantes del Ateneo Obrero de Gijón, la Federación Asturiana Memoria y República y la Asociación Lázaro Cárdenas, unidos en la Plataforma Memorialista de Xixón.

El borrador fue presentado ayer tras una reunión de una comisión en la que están presentes la Universidad de Oviedo, el Archivo Histórico de Asturias o la Federación Asturiana de Concejos y que ha establecido una clasificación con once categorías, en las que «los nombres de calles y las placas de viviendas son las que suman más elementos». Pero también relieves, grabados, inscripciones y grandes letreros de la obra sindical del hogar y similares; otras placas y elementos arquitectónicos para el culto a los mártires y caídos; cruces; vítor o víctor; escudos; cuadros de cargos públicos del franquismo y designaciones de hijos adoptivos o predilectos y concesión de medallas.

«Este listado es el primer paso, en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica, para establecer las recomendaciones de actuación sobre los elementos identificados, que pasan por la retirada en la mayor parte de los casos», afirmó ayer el consejero de Presidencia y Participación Ciudadana, Guillermo Martínez, sobre un proceso que el Principado inició pidiendo colaboración a todos los ayuntamientos asturianos.

Fue entonces cuando la mayor parte remitieron información por escrito sobre las huellas de la represión franquista en sus territorios, aunque no todos lo hicieron de buen grado: hubo diez concejos insumisos a los que tuvieron que requerir los datos telefónicamente. Y, finalmente, «todos accedieron a colaborar», apuntó la directora general de Justicia, Encarnación Vicente, quien precisó, no obstante, que «hay algunos como El Franco, Degaña, Castropol o Las Regueras a los que no les consta ninguno de estos vestigios».

Así que, a partir de ahora, «dada la amplia casuística» que impide «establecer criterios genéricos», la tarea de los expertos será «hacer recomendaciones a los municipios, toda vez que la comisión carece de capacidad para obligar a retirar los símbolos, una decisión que es competencia municipal o, en su caso, de la Iglesia, ya que varios de ellos están en templos, lápidas o muros de cementerios».

Además, en aquellos vestigios en inmuebles declarados Bien de Interés Cultural -añaden- como la Universidad Laboral, «deberá analizarse su significado histórico y arquitectónico, su valor artístico y el riesgo que podría suponer su retirada para la estabilidad de la construcción».

Otros casos en los que se recomendará mantener las huellas del franquismo -precisó Vicente- son, «por ejemplo, unos grafitis presentes en las celdas de los juzgados de Cangas del Narcea, un escudo colocado en una vivienda como premio a la natalidad de 1952, en el mismo concejo, o el de la Colegiata de Nuestra Señora de Covadonga». Mientras que, en el caso de la símbología presente en la Universidad, deberán aguardar a que la institución académica concluya su propio listado y en otros como la calle Calvo Sotelo de Tineo «se estudiará el valor de la placa, elaborada por un ceramista toledano» .

El Principado -que podría incorporar otro epígrafe para elementos defensivos y que tendrá el catálogo definitivo en junio- estudia también ahora elaborar «un segundo listado de lugares de la memoria histórica», además de contratar la elaboración de una base de datos para trasladarla a una web interactiva y de acceso abierto. Así, cualquiera podría consultar los símbolos, su ubicación y tipología, además de visualizarlos en imágenes, actualizándose en el caso de que se localicen nuevas huellas o, como dicta la ley, se eliminen.

http://www.elcomercio.es/gijon/colegio-julian-gomez-20180418001218-ntvo.html

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