Así fue la proclamación de la República en Asturias

17/04/2019 por

Proclamación de la República en la Plaza del Ayuntamiento de Gijón/
Proclamación de la República en la Plaza del Ayuntamiento de Gijón
ALEJANDRO FERNÁNDEZ

En medio del democrático estallido que había tomado las calles de Madrid se encontraba el periodista inglés Henry Buckley, que narraba así lo que vieron sus ojos aquella tarde. La sensación en la mayoría de ciudades españolas había sido similar: la fiesta popular celebraba el advenimiento de la naciente II República. Era martes y 14 de abril, corría el año 1931. Obreros, campesinos y estudiantes se echaron a las calles para festejar la marcha de un rey que, desde las votaciones del pasado día 12, «no tenía ya el amor de su pueblo», según él mismo reconocía. Aquellas elecciones municipales, convertidas para el país en plebiscitarias, supusieron, en palabras del historiador Enrique Moradiellos, «el acta de nacimiento, pacífico e incruento, de la Segunda República Española». Ocurrió un día como hoy hace 88 años y en Asturias la alegría fue protagonista de la jornada.

Cangas de Onís: el bastón del caciquismo

El mismo Buckley comentaba:

«La coalición republicana había triunfado en casi todas las ciudades. También es verdad que había fracasado en la mayoría de los pueblos, porque los grandes terratenientes y los pequeños caciques controlaban aún a los campesinos y les exigían votar a la derecha. En algunos pueblos, ni siquiera las presiones de los caciques pudieron con las esperanzas que gran parte del campesinado depositaban en la República. Un amigo mío de Ega de los Caballeros, en Aragón, me describía las elecciones del 12 de abril en su pueblo: era impresionante ver como los campesinos, antes de depositar su voto, proclamaban en voz alta que votaban por la República. Los caciques tomaban nota de sus nombres, así como el cabo de la Guardia Civil. Seguro que si la República no hubiera triunfado, la mayoría de ellos se hubiera encontrado en la calle esa misma noche».

Esa hostilidad entre los caciques de los pequeños núcleos rurales y los campesinos se palpó en la casa consistorial del concejo de Cangas de Onís. Allí, reunidas las nuevas autoridades, se hace entrega del bastón de mando al nuevo alcalde, Don Constantino González, que protagoniza una escena con gran carga teatral que representa de forma nítida la pretendida ruptura entre el nuevo y el viejo orden: «en vista de este resultado el presidente proclama alcalde republicano de este excelentísimo ayuntamiento a Constantino González González, que pasa seguidamente a ocupar la presidencia, recibiendo el bastón insigne de su cargo de mano de don Francisco Pendás González, miembro del Comité Republicano de esta ciudad, cuyo señor le hace entre de bastón de nuevo uso, pues el que hasta la fecha fue usado por los señores alcaldes de este ayuntamiento, lo rompe el señor Pendás entre los aplausos y vivas del público, porque el primer alcalde republicano de Cangas de Onís, no debe usar el bastón que usaron los alcaldes de la Monarquía y del caciquismo. El señor alcalde da las gracias por la distinción de que ha sido objeto (…) y en general a los electores que dando muestra de gran civismo dieron un triunfo resonante a la causa de la república, derribando a la monarquía sin más armas que el sufragio revelador de la voluntad nacional…»

Momentos antes de tener lugar esta entrega del bastón de mando, en la misma localidad, el nuevo régimen había sido recibido «organizándose una manifestación que recorrió las calles dando vivas a la República española; al llegar al ayuntamiento la muchedumbre prorrumpió en vivas y aplausos al ver izada la bandera tricolor; se hace un corto silencio para oír la palabra de Paco Pendás que exhorta al pueblo a que se conduzca con todo orden y respeto trasladándose a la puerta del casino donde dirigen la palabra desde el balcón central el reformista Cesáreo del Valle y el joven republicano don Ramón Somoano, ambos muy aplaudidos, y recomendando orden, mucho orden, terminan los oradores invitando a los manifestantes a que se retiren con mucho orden», según el diario «Región» del 17 de abril.

Con orden, con mucho orden llegó, efectivamente, la república. Entre todas las manifestaciones asturianas no se encontraron incidentes o enfrentamientos de gravedad y la «fiesta popular» transcurrió con civismo y tranquilidad. Buena cuenta de esa serenidad que sucedió a las elecciones en la provincia, así como la acogida de los resultados por parte de las masas populares, es el editorial del conservador diario «Región» que, en su portada del 14 de abril, bajo un encabezamiento que rezaba «Los reformistas y los viejos conservadores, derrotados en Asturias», rezaba: «Triunfo republicano. El momento es serio. Las gentes, triunfantes o derrotadas en el distrito concejil, olvidan sus luchas para mirar suspensas el espectáculo de la España de conjunto con un triunfo tan extenso de la opinión republicana, sorpresa y preocupación de los propios triunfadores. Felicitémonos, en primer término, de la manifestación de civilidad que ha hecho el país. ¡Así es como procede un pueblo! ¿Hay una vía legal? Hay que seguirla y agotarla. Toda la persuasión, todas las propagandas, todos los medios de orientación y de enseñanza, pero la violencia ¡no!… ni del lado de los aspirantes a la remoción del régimen y, mucho menos, de parte del Guardián de la ley, que es el Gobierno. Lección de educación cívica (…) nada hay más ejemplar en los anales de la historia constitucional de España.»

De Llanes a Arriondas, cohetes y entusiasmo

De esta forma, en el resto de la región se van sucediendo las muestras de adhesión, tanto en pequeños pueblos como en localidades más grandes. Por el oriente, tanto en Llanes como en Arriondas, se dieron espontáneas procesiones laicas hacia los ayuntamientos y las plazas públicas. En la villa de Llanes «se organizaron distintas manifestaciones, que recorrieron la población en medio de gran entusiasmo. Desde un balcón del ayuntamiento dirigió la palabra a los manifestantes el concejal republicano D. Felix Fernández Vega. Para festejar la proclamación de la República se celebrará esta noche en dicho pueblo una verbena popular», y en la capital del concejo de Parres «al llegar las primeras noticias de la proclamación de la República, el pueblo las acogió con delirante entusiasmo disparándose infinidad de cohetes. Próximamente, a las siete de la tarde se formó una nutridísima manifestación que recorrió las calles dirigiéndose al Ayuntamiento, donde fue izada la bandera republicana en medio de atronadores aplausos, arrojándose después el retrato del rey a la calle, donde fue destruido y quemado por la multitud. Desde un balcón de las consistoriales dirigieron la palabra al público los siguientes republicanos: Don Manuel Llanos, don Luis Fernández Caso, don Severino Gutiérrez y don David Llamedo, que aconsejaron fuera disuelta la manifestación en medio del mayor orden y cordura. Al paso de la manifestación por las calles el comercio cerró sus puertas. Más tarde un grupo de jóvenes puso los nombres de Galán y García Hernández en los sitio donde en otra ocasión se había puesto las placas que daban nombre a algunos colaboradores de la dictadura. Por la noche siguió la alegría por las calles organizándose bailes y grupos que daban vivas a la República».

La Marsellesa en Gijón, la bandera en Oviedo

Oviedo y Gijón, donde los acontecimientos ocurrieron de forma semejante, no se quedaron atrás en su celebración. En Oviedo «los estudiantes recorrieron la población llevando a la cabeza la bandera republicana y dando vivas a la República. No hubo incidentes (…) Después, ocupando varios automóviles, se dirigieron al gobierno, con el fin de que se hiciera cargo de este Centro Oficial Teodomiro Menéndez. El gobernador les contestó que no tenía conocimiento oficial de la proclamación de la República y que, por ello, no podía entregarles el mando. Los concejales y presidente de la diputación se posesionarán mañana. En la torre de la Universidad ondeaba la bandera republicana.» Y en la villa de Jovellanos, del mismo modo que en la capital, también se desató el entusiasmo en las primeras horas del 14 de abril: «Al conocerse las manifestaciones del presidente del consejo al salir hoy del palacio de que iban a ser consultados los prohombres para convocar a Cortes Constituyentes, se formó una gran manifestación que marchó al ayuntamiento dando vivas a la república. (…) desde el balcón principal habló el concejal electo D. Dionisio Morán, y expuso lo que habían dicho al alcalde. Luego aconsejo a los manifestantes que se disolvieran con orden. Sus palabras fueron acogidas con vivas delirantes. Reina enorme excitación. Numerosas orquestas interpretan La Marsellesa. No cesan los vítores a la República».

La prensa notició así las diferentes manifestaciones que habían invadido gran parte del país y de la región. Desde que a las 6:00 de la mañana se izara la bandera tricolor por primera vez en la localidad de Éibar hasta ya entrada la noche, las muestras de entusiasmo fueron la tónica general aquel 14 de abril de 1931. La alegría fue como un paréntesis en la compleja situación que vivía España y contrasta con lo que, pocos años después, tendría lugar.

Llegó la República con decisión y apoyo a un país que salía de una dictadura militar, y cuyas esperanzas podrían resumirse con la frase que el personaje de Don Gregorio, interpretado por Fernando Fernán Gómez en «La lengua de las mariposas», le espeta al sacerdote del pueblo: «Libertas virorum fortium pectora acuit». Que quiere decir: «La libertad estimula el espíritu de los hombres fuertes».

https://www.elcomercio.es/sociedad/historias-asturias/proclamacion-republica-asturias-20190414035110-nt.html

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