Una langreana pugna en los Juzgados por sacar a su abuelo del Valle de los Caídos

24/07/2017 por

Aquilino Baragaño murió en 1937 en plena Guerra Civil y sus restos fueron trasladados al mausoleo franquista en 1959 sin el permiso de la familia

carmen m. basteiro langreo 23.07.2017 | 14:54

Una langreana pugna en los Juzgados por sacar a su abuelo del Valle de los Caídos

Una langreana pugna en los Juzgados por sacar a su abuelo del Valle de los Caídos

Siempre vestía pantalones “chanchullo” (muy anchos desde la cintura hasta los pies, con dobladillo) y coronaba el “look” con una boina grande. Ágil y pequeño de estatura, Aquilino Baragaño Montes (Candaneo, 1910) tenía una voz que lo llenaba todo. Un “chorro” que le valió el apodo de “Ruiseñor de Lada”. Su garganta también gritaba reivindicación: participó en la revolución de octubre del 34 y se alistó el 1 de septiembre de 1936 en el Batallón de Higinio Carrocera. Falleció el 22 de abril de 1937, tras un combate en Salas. Y, previa exhumación, su cuerpo fue trasladado al Valle de los Caídos en 1959. Su familia pelea ahora en el Tribunal de Estrasburgo para que el “Ruiseñor” vuelva a Langreo: “No pararemos hasta que esté en casa”, afirma su nieta, Maribel Luna Baragaño.

Y hay algo en cómo lo dice, en cómo levanta la barbilla cuando posa con la foto de su abuelo, que permite imaginar con nitidez al “Ruiseñor de Lada”. Un “guaje” de quince años en la mina, que cantaba en el Orfeón de Mieres, y que tenía los ideales claros. Pertenecía a la CNT de Langreo y participó en el asalto al cuartel de La Felguera en el 34. De los primeros anarquistas que se puso en pie cuando estalló la Guerra Civil, movilizado el 1 de agosto de 1936. El Batallón Carrocera fue una unidad creada exclusivamente por voluntarios de la CNT, tenía en sus filas a un buen número de langreanos. Recibió el nombre de su comandante, Higinio Carrocera, un metalúrgico de Barros y trabajador de Duro Felguera. Maribel Luna tiene bien documentados los pasos de su abuelo: “Sabemos que el 21 de agosto participó con el grupo Carrocera en los asaltos a los cuarteles de Simancas y Zapadores”. Avanzaron hasta La Mallecina en Salas, y siguieron combatiendo: monte de Los Pinos, Grao y luego Belmonte. A principios de 1937, el batallón ocupó las posiciones de Loma Alta, Requejo, Moutas, La Parriella, Mestas, Coruxu y Castañedo.

El 21 de marzo de 1937 ocuparon la loma del pico de Folgueras. El último día de vida para el “Ruiseñor”. Ocurrió de noche, estaba nevado y las temperaturas eran muy bajas. El batallón hizo una incursión en campo enemigo, en Quintoños. Una ráfaga de disparos y el grito de un compañero:

Quilinín, ven.

Pero Aquilino no respondió. Tenía una herida de bala en la cabeza y fue trasladado al Hospital Militar de Salas. “Falleció el 22 de marzo, no sabemos si por las heridas o si lo mataron”, matiza su nieta. Lo enterraron en un cementerio habilitado en La Barrosa, porque el de Salas estaba lleno. La mujer del “Ruiseñor” tuvo que huir a Cataluña, con sus dos hijas. Una la llevó de la mano y la otra en el regazo, eran muy pequeñas. Todo lo que Maribel Luna escuchó de su abuelo durante la infancia fueron historias en voz baja y a media luz, envueltas en ese miedo que respiraban los mayores.

Los años pasaron y aquella niña se hizo mayor. Empezó entonces una investigación que confirmó la historia que tantas veces le habían contado: a su abuelo lo habían trasladado al Valle de los Caídos. La documentación señala que el cuerpo del “Ruiseñor” fue exhumado el 2 de julio de 1959, registrado con el número 10.032. Lo colocaron en el columbario 2135, cripta derecha, piso tercero: “Los llevaron individualizados e identificados, según figura en el certificado”, señala Luna. La nieta de Aquilino Baragaño se puso en contacto con el abogado Eduardo Ranz, letrado de la familia Lapeña (que consiguió la primera sentencia a favor de la exhumación de cuerpos en el Valle de los Caídos). “Sabemos que es difícil porque, aún con fallos a favor, el Gobierno central hace caso omiso”, señala Luna Baragaño. El caso del langreano también forma parte de la demanda colectiva presentada ante la ONU (Organización de Naciones Unidas). Maribel Luna añade que Ranz es “un letrado excelente”, que ayuda en todo lo posible: “Nos facilita todo, nos respalda y hace muy llevadero el tema económico”.

Es el coste emocional el que más cuesta pagar. “Estás siempre pensando ‘a ver si de esta sale’, pero nada”, dice Maribel Luna. Algún logro ya tiene, como haber conseguido una foto de su abuelo: “Se la enseñé a mi madre (hija de Aquilino Baragaño) y lloraba sin parar. No lo conocía, nunca lo había visto”. La mujer tiene alzhéimer, pero el sentimiento nunca olvida. Cada día, tiene preparada la misma pregunta para Maribel Luna: “¿Cuándo traen a tu güelu?”.

http://www.lne.es/cuencas/2017/07/23/langreana-pugna-juzgados-sacar-abuelo/2139514.html

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