La república sin prisas

16/04/2012 por

La república sin prisas

La república sin prisas La república sin prisas

15/04/2012 00:00

En junio de 1974, el profesor de la universidad de Harvard (Massachusetts) don Juan Marichal publicaba un pequeño volumen el que recopilaba algunos ensayos políticos, que ya habían visto la luz en otras publicaciones – como por ejemplo, la revista “Mañana” editada en Paris hacia los años 60 -, dos o tres discursos resumidos, como el que había pronunciado en la “Community Church” de Nueva York durante una velada conmemorativa de la Segunda República Española, celebrada en la primavera de 1964, así como también otro texto de otra intervención suya a propósito de otra ceremonia conmemorativa, organizada por las “Sociedades Hispanas Confederadas” de Nueva York en 1974. Releyendo este interesante libro, uno se da cuenta de la enorme falta de la perspectiva política que, en aquellos años previos al “Gran Óbito”, tenían muchos españoles -la inmensa mayoría- que habían perdido la Guerra Civil, en 1936. O, quizás podríamos decir el enorme entusiasmo que despertaba en ellos la posibilidad de sustituir el régimen de la dictadura por una democracia.

Recuérdese, por ejemplo, el contagioso optimismo con el que la izquierda -solapada, hasta ese momento- fueron recibidas las elecciones democráticas del 15 de julio de 1977; considerándolas como la expresión más sublime de la libre voluntad popular. Si se hubiera podido ver el revés de aquel histórico momento, probablemente la euforia se hubiera convertido en cautela. El celebrado tránsito de la dictadura totalitaria franquista hacia una democracia de participación social, se había enfriado lo suficiente como para comprender que la realidad de aquel “milagroso” tránsito encerraba serias condiciones; las suficientes para embridar el entusiasmo popular. Porque la mítica transición no tuvo nada de espontánea, y sí mucho, en cambio, de cuidadosas tutelas interesadas en que ni la República ni la izquierda obrerista encontraran un sitio libre en aquel nuevo espacio “democrático”, que les abría a los españoles la puerta, de par en par, a la Democracia . Efectivamente, todo había sido “atado y bien atado”… El profesor Marichal, al comienzo de su ensayo “Nueva apelación a la República” -título inspirado en el de un folleto editado con un texto de don Manuel Azaña, en 1934, en donde decía, entre otras cosas, que “entre los derechos humanos que el liberalismo proclama y las funciones que la democracia crea hay una correspondencia terminante, clara…”,- el profesor Marichal, se planteaba cuál debía ser su deber, como republicano,”en el tránsito hacia la España del futuro próximo”. Y advertía que uno de los “partidos históricos de la Segunda República” ya había resuelto el problema para sus militantes dándoles la consigna de la llamada “reconciliación nacional y pidiéndoles que aceptaran una nueva restauración monárquica”. Señalaba directamente al PCE, liderado en aquella época por don Santiago Carrillo. Marichal creía que esa restauración tendría como actor principal a don Juan de Borbón. Pero se equivocaba, como se equivocaba también dando por hecho que, en la España de los años 70, en el siglo XX, había en este país varios “millones de republicanos”.

Los “republicanos” que sobrevivieron en el interior, a la represión del dictador fascista no fueron tantos millones, y los “republicanos” actuales -salvo excepciones- lo son por un compromiso estrictamente sentimental. Sí “República” y “Democracia” son sinónimos -y to creo que lo son-, una vez descubierta la “calidad” de los “demócratas” actuales, nos daremos cuenta de que las garantías ideológicas de ese hipotético “republicanismo” español son muy dudosas. Tan dudosas como lo son, en estos momentos, los “avales” políticos de la vigente democracia.

Tal día como el de ayer -14 de abril-, en 1931 (hace nada menos que ochenta y un años), sí se produjo un “milagro político”: la Segunda República. Su proclamación denotaba la vocación democrática de aquellos españoles, que salieron a la calle para exhibir su auténtico republicanismo. Es decir, su vocación democrática. Sin embargo, si hoy dicen que ocurrirá lo mismo que ocurrió con la Transición: que mañana por la mañana nos levantaremos todos republicanos (demócratas), tal como en la mañana del 15 de julio de 1977 se levantaron cientos de españoles para votar por la democracia -muchos de los cuales, en la noche anterior se habían acostado siendo franquistas “inasequibles al desaliento”- proclamando a los cuatro vientos su “democratismo”, tomaré serias medidas de precaución para evitar caer en la misma trampa que fue la “democratización” súbita de una sociedad contaminada, gravemente, por los detritus de un “totalitarismo primitivo”… El cual, ni aunque se disfrazara de lagarterana podría convencernos de su pureza democrática.

Hasta que se produzca ese “milagro ideológico” -le advierto de que no creo en los milagros…- procuraré que no se me contagie la tremenda epidemia sicopatológica que sufre, en estos momentos, la Autonomía Asturiana, y, al mismo tiempo, intentaré que la soberbia neoliberal, que tiene atrapada a España sin remisión, no me reclute como si fuera un “letón” para aplaudir al Gobierno de Rajoy.

http://www.lavozdeasturias.es/suplementos/as-7/republica-prisas_0_682731827.html

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