Campaña Hijos predilectos A los Guerrilleros y Resistentes antifascistas asturianos: Vicente García Riestra, Felipe Matarranz, Comandante Robert y Cristino García

31/05/2019 por

Campaña Hijos predilectos A los Guerrilleros y Resistentes antifascistas asturianos:  Vicente García Riestra, Felipe Matarranz, Comandante Robert y Cristino García

         

Ni bandidos ni vencidos” Jesus de Cos. In memoriam

La Federación Asturiana memoria y República (FAMYR) y el Ateneo Obrero de Xixón comienzan esta Campaña para solicitar el Gobierno del Principado de Asturias el nombramientop de Hijos predilectos A los Guerrilleros y Resistentes antifascistas asturianos: Vicente García Riestra, Felipe Matarranz, Comandante Robert y Cristino García

Las adhesiones a la campaña (hasta el 15 de junio) podeis enviarlas a nuestro mail: famyr@memoriayrepublica.org  

En el año 2010 la Federación Asturiana Memoria y República (FAMYR) realizó una campaña para obtener el reconocimiento de dos guerrilleros antifascistas asturianos, Cristino García Granda y Jose Antonio Alonso “Comandante Robert”. En dicha campaña se solicitaba al Parlamento Asturiano la concesión de título de “Hijos predilectos de Asturias” que se otorga anualmente a personas nacidas en el Principado que se hayan destacado por sus méritos relevantes. Desafortunadamente, a pesar de haber sido respaldada por las firmas de más de 2.000 ciudadanos y por 72 organizaciones, la petición fue desestimada. En su lugar el gobierno asturiano decidió otorgársela al entonces jefe de la Casa real, Alberto Aza Arias. En años anteriores habían sido galardonados el ex-secretario de la Casa Real Sabino Fernández Campo (1991) o el Príncipe de Asturias (1986).

En 2013 desde la Federación Asturiana Memoria y República (FAMYR), la Asociación para la creación del archivo de la guerra civil, las brigadas internacionales, los niños de la guerra, la resistencia, la guerrilla y el exilio español (AGE) y Asociación de Descendientes del Exilio Español retomamos una nueva campaña extendiéndola a todos aquellos guerrilleros y resistentes antifascistas asturianos que aun quedan vivos. Vivos pero que, aun hoy, siguen enterrados en el olvido e ignorados por la memoria colectiva del pueblo asturiano, robándonos el ejemplo de su vida como luchadores por la libertad. Desafortunadamente también en esta ocasión el Gobierno asturiano presidido por Javier Fernández desestimó dicha petición.

El domingo día 15 de Junio de 2014 se celebró un homenaje en el pueblo de Vira, Ariege, al veterano comandante de los guerrilleros españoles José Antonio Alonso, mejor conocido como el comandante “Robert”. El presidente del senado francés Monsieur Jean Pierre Bell le hizo entrega de la Orden  del Mérito Nacional por su heroico papel en la liberación de la ciudad de Foix, capital del departamento del Ariege. El comandante Robert ha fallecido en 2015 sin que Asturias le reconozca en su tierra natal.

El reciente fallecimiento de Vicente Garcia Riestra (09/05/2019), el último asturiano superviviente campo de concentración de Buchenwald, y los centenares de reconocimientos por toda Europa a su labor en la lucha a favor de las libertades, pone de manifiesto la necesidad de que la sociedad asturiana salde la deuda que tiene con estos defensores de las libertades.

La lucha antifascista

Tras el golpe de estado fascista el 18 de julio de 1936 y a medida que avanzaban territorialmente las fuerzas militares del bando fascista, los defensores del régimen republicano legal y legítimamente constituido buscaron nuevas fórmulas de lucha para detener a los sublevados. La lucha de guerrillas, que se inició ya en el mismo momento en qué se produce el “Alzamiento Nacional” golpista y se prolongó hasta los años 60, tuvo una actuación irregular teniendo en cuenta que buena parte de los luchadores cruzaron la frontera en dirección a Francia para combatir internacionalmente el fascismo. Lo hicieron con la esperanza que esta derrota provocara el fin del fascismo español gracias al apoyo internacional de los regímenes democráticos.

A pesar de que muchos volvieron y continuaron la lucha, a mitad de los 50 fue ya evidente que la colaboración internacional no se iba dar, haciendo patente el aislamiento a que quedaban relegados. Desde el final oficial de la Guerra Civil, fue el Tercio Móvil del Ejército español, la Falange, y sobre todo la Guardia Civil, los encargados de perseguir y aniquilar a los grupos de resistencia democrática organizados en guerrillas. La decisión de adjudicar un papel preeminente a la Guardia Civil se debió tanto a su propia naturaleza, ámbito de actuación y experiencia de este instituto armado (responsable de perseguir a bandoleros y carlistas durante el siglo XIX), como a la intención de menospreciar e infravalorar ¬internamente y externamente- la resistencia al régimen fascista. Encargándose prioritariamente a la Guardia Civil y no al Ejército la represión, se pretendía por un lado que no se reconociera que se trataba de un problema grave o de la misma continuidad de la guerra.

Por otro lado, se quería visualizar ante la sociedad que se trataba de un problema de delincuencia y no de una lucha en defensa del régimen republicano. Para ello, se utilizaron también tácticas propagandísticas como el silenciamiento de las acciones con contenido político y la propagación de aquellas más violentas que pudieran generar un cierto rechazo por parte del conjunto de la sociedad. En este mismo sentido, una circular de la Dirección General de Seguridad de 11 de abril de 1947 prohibía expresamente utilizar el término guerrilla, maquis o guerrilleros, y obliga a establecer como terminología a nivel interno y externo, los conceptos bandoleros, forajidos o bandolerismo.

Pero la lucha armada por la democracia existía, y era mayor de lo que el propio gobierno golpista estaba dispuesto a admitir. Hasta el punto que el Ministerio de Interior dio orden de aniquilar a los guerrilleros y enlaces ¬mediante la ley de fugas-, a la vez que se amplió en gran medida la plantilla de la Guardia Civil (se pasó de 30.000 efectivos en 1936 a 54.000 en 1941). La importancia de la guerrilla está demostrada por el hecho que en el periodo 1943-1952 se concedieran por las acciones contra la ella, 908 cruces del mérito militar -que configuraron el popularmente llamado “medallero”-, 970 citaciones en las órdenes generales del cuerpo, que hubiera más de mil enfrentamientos armados y más de seiscientas bajas entre heridos y muertos en la Guardia Civil. No obstante, aunque suele establecerse el año 1952 como el año en qué se puso fin a la lucha guerrillera a favor de la democracia representada por el legítimo régimen republicano, quedaron algunos focos de resistencia guerrillera hasta los años 60, como es el caso de los representados por Quico Sabater, Ramón Vila Capdevila “Caracremada”, José Castro Veiga “Piloto”, etc.

La vergonzante realidad actual en el estado español, es que oficialmente a los guerrilleros se les sigue asociando a la condición de bandoleros y terroristas (calificación por tanto no amnistiable ni siquiera por la preconstitucional ley de Amnistía), ya que sus sentencias condenatorias franquistas siguen estando vigentes. Durante años, y ante todos los gobiernos democráticos, gobernara quien gobernara, AGE con el apoyo de otras asociaciones y algunos diputados de grupos parlamentarios de izquierdas, ha reclamado su reconocimiento jurídico. El parlamento español ha rechazado todas las Proposiciones de ley, enmiendas y preguntas parlamentarias, presentadas para que su equiparación a todos los niveles con los antiguos miembros de las Fuerzas Armadas oficiales republicanas fuera una realidad.

Es una situación vergonzante, incomprensible, inaudita y absurda en otras democracias que sufrieron pasados fascistas, en las que se reconoce y honra a la resistencia.

Por todo ello urge, pues, un reconocimiento de la lucha por la libertad de los defensores del legítimo régimen republicano, de igual manera como han procedido en otros países como Francia, Alemania o Rusia, por poner tres ejemplos. En este sentido, René Pérez, responsable de la Unión de Excombatientes Franceses en España, reivindicando la reparación de esta injusticia, afirma que “A los guerrilleros franceses que lucharon contra el nazismo se les considera héroes nacionales; tienen una pensión especial, los mutilados reciben asistencia a domicilio y han sido condecorados en repetidas ocasiones.”

 

¿Quienes son?

En estas 4 personas, cuyas biografías adjuntamos,  queremos expresar la necesidad de reconocimiento a todas las personas que tuvieron que luchar contra la barbarie fascista que representó el Franquismo por lo que solicitamos para ellos el titulo de “HIJO PREDILECTO DE ASTURIAS”, para:

  1. José Antonio Alonso Alcalde, Comandante Robert
  2. Felipe Matarranz, Comandante Lobo
  3. Cristino García Granda

Y la Medalla de oro de Asturias para:

1. Vicente García Riestra  

 

 

 

 

BIOGRAFIAS:

  1. José Antonio Alonso Alcalde, Comandante Robert

Nace el 14 de abril de 1919 en el barrio de Fradera, en El Entrego. En 1923, a los cuatro años de edad, deja junto con sus padres El Entrego con destino a Cataluña en busca de una mejor situación económica. En Tarragona le sorprende el alzamiento y el comienzo de la Guerra Civil Española y tras un tiempo de participación en las movilizaciones a través de las diferentes milicias que organiza el Gobierno de la República cruza la frontera a Francia en 1939, es ingresado en el campo de concentración francés de Septfonds donde participa, por obligación, en los batallones de trabajo surgidos a partir de la puesta en marcha del Servicio de Trabajo Obligatorio, en labores de fortificación de la Linea Maginot hasta la caída de Francia, momento en que huye hacia al sur del país.

Se integra en la Resistencia en la zona del Ariege. En 1942 se incorpora al XIV Cuerpo de Guerrilleros y a primeros de octubre del año siguiente, este entreguín, que militaba en el Partido Comunista y pertenecía a un grupo de saboteadores polacos y españoles en Saint-Étienne, es detenido tras sorprenderle con unas octavillas. Le suben a un autobús con otros detenidos, pero logra fugarse y evitar el campo de concentración nazi de Mauthausen.

A partir de ahí, José Antonio se integra en la Resistencia enviado por el partido. Así en el departamento de Ariège, en la región del Mediodía-Pirineos, vuelve a combatir y lo hace en una brigada compuesta por tan sólo siete guerrilleros españoles. Es entonces cuando con la ayuda de sus compañeros da un golpe en una pequeña caja postal de la ciudad de Lavelanet, de donde regresa con un gran botín para entonces, 335.000 francos, que entrega a la organización. Más tarde es nombrado jefe del Estado Mayor de la Tercera Brigada de Guerilleros Españoles, formada al final de la contienda por algo más de 300 guerrilleros, que lucharon denodadamente contra la ocupación alemana hasta la liberación del país.

Uno de los hechos de armas más sobresalientes que protagonizan es la toma de la ciudad de Foix el 23 de agosto de 1944, y el posterior apresamiento de una columna de 1.350 soldados, entre los que había mongoles y turquestanos que se habían pasado a los alemanes. La guarnición alemana opta por rendirse tras cuatro horas de duros combates. Además participa en los combates de Rimont-Prayols y Castelnau-Durban, con lo que se logra la completa liberación del departamento de Ariège.

La última participación en combate de este asturiano –residente en Bon-Encontre, cerca de Agen– tiene lugar en la frustrada invasión del valle de Arán (Cataluña) en 1944, respondiendo al deseo de sus exiliados dirigentes que, desconocedores de España, creían posible en este país un movimiento como el que había liberado Francia. Caballero y Oficial de Legión de Honor de Francia, Caballero de la Legión de la República Polaca, Medalla de Lealtad a la República Española, Roseta del Primer Orden Nacional francés o ciudadano de Honor de la ciudad francesa de Foix son algunas de las máximas distinciones recibidas por José Antonio.

En Asturias, FAMYR y Age  inauguraron un Parque en su nombre en Gijón el 14 de abril de 2013, dia de su cumpleaños, en cuya inauguración dió su última intervención en Asturias. Ningún representante de la administración acudió al acto.

El pasado 15 de junio de 2014 el presidente del senado francés Monsieur Jean Pierre Bell le hizo entrega de la Orden  del Mérito Nacional por su heroico papel en la liberación de la ciudad de Foix, capital del departamento del Ariege.  Fallecido el 19 de diciembre de 2015 en Francia.  

 

 

  1. Felipe Matarranz, Comandante Lobo Resultado de imagen de Felipe Matarranz

Hijo de Felipe y de Ángeles, nació el 2 de septiembre de 1915 en La Franca, Ribadedeva. Su padre fue minero en Somorrostro (Vizcaya), de donde tuvo que marcharse por las huelgas de 1917, trasladándose a Mieres (Asturias), donde trabajó en las minas de carbón. También se vió obligado a dejar tierras mierenses y refugiarse en una finca de Torrelavega, dedicándose a partir de entonces a la agricultura.

Felipe Matarranz González cursó estudios primarios y tres años en la Escuela de Artes y Oficios de Torrelavega. A los 14 años, ingresó en un colectivo de izquierdas conocido como Pioneros y más tarde pasó a la Juventud Comunista y el Socorro Rojo Internacional. En estas fechas comenzó a difundir periódicos y folletos que propagaban su ideología. Participó en varias huelgas del ramo de la madera, perteneciendo a su comité de huelga. Profesionalmente, era su trabajo el de ebanista-tallista.

Durante el Bienio Negro (octubre de 1934 a febrero de 1936) fue ya perseguido, siendo detenido en varias ocasiones por sus actuaciones antifascistas. El 17 de julio de 1936, al tener conocimiento de la rebelión fascista en África contra la República, ocupó el edificio del Ayuntamiento de Torrelavega con un grupo de la Juventud Socialista Unificada. Al día siguiente se incorporó a las milicias populares, siendo elegido jefe de su grupo. Participó en batallas contra las fuerzas fascistas en El Escudo, Piedras Luengas, San Glorio, Potes, etc. Contribuyó al esfuerzo popular para detener el avance fascista en el cuartel de Simancas (Gijón) y en La Argañosa (barrio de Oviedo), donde resultó herido. También participó en la toma de los cuarteles de Loyola (San Sebastián) y en la batalla de Irún. El 23 de septiembre de 1936 marchó con un batallón de voluntarios al frente del puerto de Los Tornos (Cantabria). Iba equipado con fusiles mejicanos nuevos, los primeros que llegaron al frente republicano del Norte. El 10 de octubre, entró en combate y fue herido gravemente de un balazo que le entró por la ingle con salida por los riñones. Salió en el orden del día, propuesto para sargento, por haber tomado, en compañía de tres milicianos, una posición llamada Las Cabañas de Noceco. El 28 de noviembre de 1936, solicitó el alta voluntaria y regresó al frente. Participó en los combates del 2 y 6 de diciembre de 1936 por la conquista de la posición de La Cabra, sufriendo su batallón gran cantidad de bajas.

Posteriormente fue destinado al frente de Burgos, donde tomó parte en varias infiltraciones tras el frente enemigo, en las que se volaron vías y puentes. El 1 de mayo de 1937 participó en los combates de Cilleruelo de Bricia, conquistando la posición de Somarriba de Quintanilla de Rucandio. Igualmente, intervino en los combates para la conquista de Espinosa de Bricia (4, 5 y 6 de mayo de 1937) y salió en el orden del día propuesto para teniente por los méritos de guerra. El 4 de agosto de 1937 comenzó la ofensiva facciosa contra Santander. Encontrándose en el principal punto de ataque, en el puerto de Carrales (carretera Santander-Burgos), tuvo que soportar el cañoneo y el bombardeo durante 15 días. Al no poder resistir tal masa de fuego, las fuerzas populares se retiraron del Castro de Bricia después de haber luchado ininterrumpidamente durante tres días y tres noches. De 130 hombres sólo quedaron 12, que lograron retirarse atravesando el campo enemigo al amparo de la noche.

Siguió combatiendo en Bárcena de Pie de Concha, Alceda, Ontaneda, Fuente Viesgo y Las Presillas, donde, acorralado por los tanques italianos, cayó prisionero. Logró luego escapar tirándose por un precipicio y sufriendo un tiroteo. No pudo pasar a Asturias y se retiró a tierras cántabras, donde cayó nuevamente prisionero. El 6 de septiembre de 1937 escapó de nuevo y después de andar un centenar de kilómetros logró llegar a Asturias. Matarranz participó en combates de El Mazuco, formando parte de la Brigada Montañesa. Al llegar a perderse la posición, le hicieron otra vez prisionero y de nuevo consiguió escapar y llegar a Santander.

En diciembre de 1937, fue detenido en Torrelavega por los fascistas, padeciendo las más brutales torturas. El 30 de diciembre de 1937 fue sometido a Consejo de Guerra y condenado muerte por «auxilio a la rebelión». Cuando llevaba un año condenado a muerte, se le llevó de nuevo al cuartel de la Guardia Civil para infligirle nuevas y dolorosas torturas. El 18 de octubre de 1939 fue nuevamente condenado a muerte. Poco después sería indultado, quedándose la pena reducida a 30 años de cadena perpetua, de la que se libró en julio de 1942 por medio de un nuevo indulto, gracias a los esfuerzos de sus padres para que se enviaran informes favorables de su hijo.

A cambio de su libertad, Matarranz fue recluido en La Franca. Pero incluso desde allí continuó en contacto con el Partido Comunista de España (PCE) y con las guerrillas, concentrándose entonces su lucha en distribuir panfletos propagandísticos y servir de enlace entre los comités provinciales de Santander y Asturias con los guerrilleros.

En 1943 cayó en una redada, y no teniendo contacto con el PCE, formó el Comité Provincial de Santander. Luego tomó contacto con la guerrilla astur-montañesa, de la que fue su responsable político. Durante cuatro años sorteó el peligro clandestino en el monte y en el llano. El 25 de noviembre de 1946 fue sorprendido en una reunión con otros guerrilleros, saliendo a tiro limpio y dejando atrás a un compañero muerto y otro herido. Le capturaron al día siguiente, después de habérsele agotado toda la munición que tenía. De nuevo fue torturado y estuvo incomunicado cuatro meses, siendo sometido a 22 diligencias. Juzgado por Consejo de Guerra Sumarísimo, fue condenado a seis años de prisión, siendo confinado en el famoso penal de Burgos como hombre peligroso para la patria.

En julio de 1952 salió en libertad condicional, tomó contacto con el PCE y continuó trabajando en la clandestinidad hasta la legalización del partido en 1977. Felipe Matarranz, El Lobo —nombre que se le acuñó en un pasaporte falangista falso: José Lobo—, trabajó como encargado en la empresa Dragados y Construcciones, a la que se incorporó en 1960, ascendiendo a encargado general.

Tras jubilarse, regresó a su pueblo natal de La Franca, ingresando posteriormente, ya a avanzada edad, en una residencia de Colombres. En 1987, Matarranz publicó en Cuba con éxito su biografía, bajo el título Manuscrito de un superviviente. También es autor del libro Hay muchos Cristos, editado en Francia en 2004, donde narra sus vivencias en el bando antifranquista durante la guerra civil y la posterior dictadura, con el propósito de que se oyese la voz de los perdedores tanto tiempo ahogada, de recordar el rostro horroroso del franquismo, de denunciar falsedades históricas y de que las nuevas generaciones no se olvidasen de la lucha que sus antepasados libraron. Fallecido el 23 de mayo de 2015 en Colombres.  

 

  1. Cristino García Granda

Nacido en Ferrero, una pedanía asturiana del concejo de Gozón, residiendo más tarde en el de Castrillón. En 1936 trabajaba como fogonero en el buque Luis Adaro, encontrándose en Sevilla en el momento de la sublevación militar que inicia la Guerra Civil. La tripulación del barco se amotinó, se hizo con el mando y dirigió su rumbo hacia Gijón en zona republicana.

Durante la guerra civil participó activamente en diferentes combates alcanzado por sus méritos el grado de teniente en el XIV Cuerpo de Ejército Guerrillero. En 1939, tras finalizar la contienda, se exilió a Francia donde fue internado en un campo de concentración.

Durante la segunda guerra mundial participaría en la Resistencia francesa al frente de la 158.ª División de la Agrupación de Guerrilleros Españoles, con el grado de teniente coronel. Dentro de sus diferentes actos en época de guerra se pueden destacar la liberación de presos políticos en Nimes, la toma de Foix, la Bataille de la Madeleine, así como diferentes emboscadas a las tropas alemanas, sabotajes y destrucción de campos minados.

Durante su última incursión, él y 28 compañeros más 27 republicanos españoles y 2 franceses, se hicieron con cañones y blindados y un total de 1.400 prisioneros alemanes que se dirigían a París para enfrentarse a las tropas del general Leclerc y su 2.ª Divisón blindada. Sus proezas son de tal grado que Francia le concede el grado de Héroe Nacional de Francia. En 1944 se integra dentro de los guerrillero españoles cruzando el Pirineo. Santiago Carrillo se reune con ellos para reorganizar el PCE y mandar el asesinato de un compañero de partido. Cristino se niega en redondo.

En la primavera de 1945, a partir de la detención y fusilamiento en Madrid de José Vitini y sus compañeros de los cazadores de la ciudad, se dirige a la capital a crear y organizar el Centro General de Resistencia y la Agrupación Guerrillera de la Zona Centro. Tras varios enfrentamientos y golpes contra intereses franquistas, el 18 de octubre de 1945 fue apresado por la policía de Franco.

El 22 de enero de 1946 durante el juicio se define como patriota antifascista con las siguientes palabras: «Sé bien lo que me espera, pero declaro con orgullo que cien vidas que tuviera las pondría al servicio de la causa de mi pueblo y de mi patria […] El fiscal nos llama bandoleros. No lo somos. Bandoleros son quienes nos acusan, quienes martirizan y matan de hambre al pueblo. Nosotros somos la vanguardia de la lucha el pueblo por la libertad. este juicio es una farsa en la que se nos acusa de delitos que no hemos cometido. Pero tenéis prisa por deshaceros de nosotros. No queréis que el mundo vea nuestros cuerpos martirizados. Queréis ensuciar con este juicio el glorioso movimiento guerrillero»

El 9 de febrero de 1946 se le condenó a muerte, junto a nueve de sus compañeros, tras un consejo de guerra sumarísimo. Este hecho generó un gran revuelo político en diferentes países, sobre todo en Francia, cuyo Ministro de Interior interpeló ante la ONU por su liberación. Mientras, Charles de Gaulle (por entonces presidente de la República Francesa) por su simpatía hacia Franco, no hizo nada para parar el asesinato por el temor a los «rojos».

En la madrugada del 21 de febrero de 1946 se cumple la sentencia y es fusilado en las tapias del cementerio municipal de Carabanchel Bajo, donde fue enterrado. La más llamativa fue la declaración suscrita por unanimidad por la Asamblea Nacional Constituyente, donde se afirma que los guerrilleros fueron fusilados por el odio a la libertad que habían defendido en Francia, y se invita al Gobierno a romper con el régimen de Franco: “La Asamblea traduce la protesta de la conciencia francesa ante esta nueva aplicación de métodos de represión condenados por el mundo civilizado

 

  1. Vicente García Riestra

(La Pola Siero. Asturias 1925 – Trèlissac, Dordoña, Francia 2019) Último superviviente de origen español del campo de concentración nazi de Buchenwald, Alemania.

Un ejemplo de coherencia ética y ciudadanía

Vicente García Riestra, «nuestro abuelo del pijama a rayas», como se refirieron a él los periódicos, trascendió su condición de víctima de familia represaliada, de exiliado, de deportado a los campos de concentración nazis, para asumir el papel de transmisor de la memoria en el sentido que el filósofo alemán de origen judío Theodor Adorno llamó «nuevo imperativo categórico», según el cual, los supervivientes de la muerte en los suplicios hitlerianos, sólo tenían un deber: «pensar y actuar de modo que Auschwitz no se repita, que no ocurra nada parecido (…) actuar para que lo atroz no se reproduzca ni caiga en el olvido, asegurar la unión con quienes han muerto en tormentos indecibles». Y para que así fuera, Vicente optó en cada una de las circunstancias extremas en las que le puso la vida, por la respuesta superior y virtuosa formada en el compromiso, la conciencia y el perdón.

A Vicente García Riestra le quitaron todo. La guerra le arrancó la infancia y la posibilidad de estudiar. Le arrebataron a buena parte de su familia: padre fusilado, hermano asesinado y otros dos hermanos penados y desterrados. Le quitaron la casa y todos sus recuerdos y con 13 años le convirtieron en un niño refugiado en Torrent Bo, Barcelona, a la que llegó, huyendo en un barco inglés desde el puerto de Gijón en 1937.

Esos momentos forjan el carácter de una persona: en diciembre del 2018 se recuperó en Nueva York, en los archivos de  la asociación «Friends of the Spanish Democracy» que apadrinaba refugiados de la guerra, una carta manuscrita que Vicente había escrito en 1938. En ella daba las gracias por lo que le habían hecho llegar sus padrinos y por todo lo que tenía: comida, ropa y buen trato. En esas palabras ya enseñaba los rasgos fundamentales que lo definirán para siempre: ausencia de ira o deseo de venganza, humildad y agradecimiento y también toda la esperanza que cabe en un niño de su edad que ambiciona estudiar y llegar a ser «chofer».

En 1939, con la entrada de las tropas franquistas en Barcelona, solo, se une a la desbandada que quiere llegar a Francia. En plena travesía de Los Pirineos es herido en una pierna por la Legión Cóndor que ametralla las columnas de refugiados. Evacuado al Hospital de Le Mans, consigue contactar con el resto de su familia que había llegado a la Dordoña. Y Vicente, aún niño, vuelve a responder dispuesto, ayudando al sustento familiar en cualquier labor agrícola allí donde le llaman. Pero la conciencia y su espíritu inquieto y vital le pide más.

Tras descubrir el destino aciago de su familia en Asturias, su reacción ante la ocupación alemana es unirse a la Resistencia: enfrentarse al mal que supone el nazismo. Se incorpora como enlace al grupo de maquis de su región, hasta que el 21 de diciembre de 1943 es detenido junto con todos sus camaradas. Entonces pasa a manos de la Gestapo y es sometido a torturas que le dejan secuelas permanentes. En el interrogatorio se acoge a la memoria del padre para no rendirse. Como resultado de la detención es enviado a morir como mano de obra esclava al campo de concentración de Buchenwald dentro de la operación «Espuma de mar», diseñada para acabar con la resistencia en la Francia ocupada. En el campo le vuelven a quitar todo: su pelo, sus escasas pertenencias, cualquier recuerdo y lo peor de todo: su nombre, su identidad: pretenden negarle la simple condición humana.

Le asignan como él decía «su número de matrícula», el 42.553, y un uniforme a rayas con un triángulo rojo con la «s» de Spaniar, pero Vicente otra vez de la mano de la conciencia de enfrentarse al mal totalitario pasa a colaborar con la resistencia interna del campo y llega a ceder su comida una vez a la semana para ayudar a otros más necesitados. En los momentos finales del cautiverio participa en la autoliberación del campo el 11 de abril de 1945. Con 28 kilos y tras quince meses de cautiverio, recibe de pie, a los americanos a las puertas. Por fin, el 25 de mayo regresa a Francia, a Caduin en la Dordoña, donde residirá como apátrida y refugiado desde que España, a través del decreto de Serrano Suñer de 1940 le quitara la nacionalidad, y retoma su lugar en la vida civil en el ámbito de la construcción hasta su jubilación. Sin embargo, la experiencia en el infierno en los campos permanece en él.

Durante 60 años calla su testimonio por miedo a la incomprensión, por proteger de nuevo a su familia de la memoria de ese punto final que supuso el apocalipsis de la deportación y el exterminio. Hasta sus últimos días, confesó, seguía despertando con la pesadilla de seguir en Buchenwald. Vicente rompió su silencio con la irrupción del «negacionismo» y la sombra del pensamiento totalitario en Europa que le hicieron conjurar sus miedos y consagrarse al deber superior de explicar a los más jóvenes qué fue la barbarie nazi.  Y lo hace como superviviente y testigo dando su voz a aquellos «que ya no están y que nunca pudieron hablar».

Desde el año 2007 da charlas a escolares: «Todo lo que hago es para ellos, para que sepan, para que nunca más se repita.», repetía. Y esta es la virtud esencial de Vicente García Riestra: asumir con abnegación y sentido crítico la labor de ser el último hilo de luz que nos une a la memoria y padecimientos de tantísimos hombres y mujeres buenos de los que nunca sabremos nada, silenciados por su defensa de la libertad y de sus ideas.

En el comportamiento ejemplar de Vicente García Riestra reconocernos los mejores valores que deseamos para nuestra sociedad. La República Francesa así lo hizo, ofreciéndole la nacionalidad tras treinta y seis años de ser apátrida y honrándole con las más altas condecoraciones del estado incluida la Legión de Honor en 2018.

García Riestra nunca cesó en reclamar la injusticia permanente que supuso para tantos como él, el ser privados de la nacionalidad española que no hacía más que subrayar el abandono institucional que todos los exiliados españoles padecieron. Siempre recordaba con tristeza contenida cómo en la liberación de los campos: «las delegaciones de países iban llegando, atendiendo y llevándose a sus nacionales, menos a nosotros.

Nunca vino nadie por nosotros.» Quedará en la memoria de los asistimos a sus funerales de estado, el respeto inmenso, el cariño de sus vecinos, amigos y camaradas y el honor rendido por una multitud de banderas de la república que lo reconoce como héroe.

Hemos perdido a Vicente García Riestra, pero nos deja, para las generaciones futuras, el referente de su comportamiento y testimonio al que nos debemos.  El poeta francés Paul Éluard escribió – «si el eco de sus voces se debilita, pereceremos». Nos corresponde ahora a nosotros hacer que su voz clara prevalezca.

 

ADHESIONES

Acción en Red

Agrupación Pozo Grajero

Ahaztuak1936-1977

AGE

Andecha Astur

Asociación 13 rosas de Asturias

Asociación Cristino García

Asociación de familiares y amigos de la Fosa Común de Tiraña

Asociación de familiares y amigos «Fosa Parasimón»

Asociación Foro Pozu Fortuna

Asociación Lázaro Cárdenas

Asturias Laica

Ateneo Republicano de Asturias

Asturias Socialista

Ay Carmela-Burdeos

Estaya la Memoria l’Altu Nalón

Federación Estatal de Foros por la Memoria

GOGOAN (Sestao)

Izquierda Asturiana (IAS)

Izquierda Unida de Asturias

La Comuna d’Asturies-CeAQUA

Nalón antifascista

Partido Comunista de Asturias (PCA)

Plataforma encontrá de los recortes de Avilés

Podemos Asturias

Sociedad Cultural Gijonesa

 

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Gijón honra a las víctimas asturianas del nazismo: «Su patria les dio la espalda»

12/05/2019 por

Entidades republicanas de la ciudad critican lo «tardío» del homenaje al fallecido Vicente García Riestra y recuerdan a la feminista Rosario de Acuña

gijón, s. f. l. 12.05.2019 | 00:08

Homenaje a las víctimas asturianas del nazismo, ayer, en Gijón.

Homenaje a las víctimas asturianas del nazismo, ayer, en Gijón. Á. GONZÁLEZ

«Recordar a las víctimas no es abrir heridas, sino evitar que se vuelvan a abrir por falta de memoria». Así resumió Rafa Velasco, de la Federación Asturiana Memoria y República (FAMyR), el motivo que empuja a las entidades republicanas y memorialistas de Gijón a reunirse cada mes de mayo frente al monolito de El Cervigón dedicado a los asturianos fallecidos en campos de concentración. El homenaje de ayer quedó ensombrecido por el reciente fallecimiento de Vicente García Riestra, asturiano superviviente del campo de Buchenwald. «Tras la liberación los españoles no pudieron volver a su patria, que les dio la espalda. A Vicente ahora le van a devolver su nacionalidad, pero ese reconocimiento llega tarde», lamentó Luis Pascual, presidente del Ateneo Obrero de Gijón.

Velasco recalcó la importancia de recordar el vínculo entre el franquismo y los campos de concentración, en los que acabaron varios miles de republicanos capturados en la Guerra Civil. «A Vicente, un asturiano que hizo bandera de compromiso republicano, esta Asturies nuestra le debe todavía un buen reconocimiento», lamentó. Pascual, eso sí, agradeció que el gobierno español aprobase el mes pasado instaurar el 5 de mayo como el día oficial de las víctimas españolas del nazismo. «Es otra medida que llega tarde, pero que al menos llega», matizó.

La veintena de personas que acudieron al homenaje participaron también en otra ofrenda floral frente al domicilio de la escritora y pensadora Rosario de Acuña, cuyas ideas abolicionistas marcaron la posición actual del feminismo contra la explotación sexual.

«Ella criticó como nadie la hipocresía española que vendía la prostitución como una falsa liberación de la mujer», agradeció Almudena Díaz, vicepresidenta de la tertulia feminista «Les Comadres».

https://www.lne.es/sociedad/2019/05/12/gijon-honra-victimas-asturianas-nazismo/2470811.html

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Asturianos tras las alambradas

12/05/2019 por

De los casi 300 campos que existieron en España, Asturias acogió un total de doce de diferente tipología, por los que pasaron miles de prisioneros de aquí y de allá

Campo de concentración de Castropol./
Campo de concentración de Castropol.
ALEJANDRO FERNÁNDEZ MARTÍNEZ

«Estos que ves ahora deshechos, maltrechos, furiosos, aplanados, sin afeitar, sin lavar, cochinos, sucios, cansados, mordiéndose, hechos un asco, destrozados, son, sin embargo, no lo olvides nunca pase lo que pase, son lo mejor de España, los únicos que, de verdad, se han alzado, sin nada, con sus manos, contra el fascismo, contra los militares, contra los poderosos, por la sola justicia; cada uno a su modo, a su manera, como han podido, sin que les importara su comodidad, su familia, su dinero.

Estos que ves, españoles rotos, derrotados, hacinados, heridos, soñolientos, medio muertos, esperanzados todavía en escapar, son, no lo olvides, lo mejor del mundo. No es hermoso. Pero es lo mejor del mundo. No lo olvides nunca, hijo, no lo olvides.»

De esta manera describió el escritor Max Aub, en su novela ‘Campo de los Almendros’ (1968), el estado en que se encontraban los prisioneros del Campo de Concentración de «Los Almendros» que, ante el desenlace de la guerra, los vencedores alzaron en Alicante. Uno de esos «españoles rotos» que vivió allí fue el poeta Marcos Ana, que en sus memorias narraría el martirio: «el campo era largo y estrecho y se extendía al costado de una carretera. Allí nos fueron hacinando (…) por lo menos el hambre lo aplacamos con el fruto de los almendros. Primero nos comimos la almendra, al día siguiente, buscábamos las cáscaras ásperas y verdes que habíamos tirado el día anterior y, por último, nos engullimos lo que restaba: las pequeñas flores blancas, las hojas y los tallos más tiernos».

Con un triángulo rojo al pecho

Dentro o fuera de su patria, muchos republicanos españoles terminaron desfilando en las interminables colas de diversas redes concentracionarias europeas, marcados siempre con una inscripción en el pecho: el triángulo rojo invertido que los señalaba como prisioneros políticos en la macabra maquinaria nazi; o con una «P», de «Prisionero», en la red franquista. La imagen compuesta por Max Aub bien valdría para relatar la realidad de muchos de los campos de concentración que se erigieron dentro del país. Desde hace algunos años, muchos investigadores, al calor de los movimientos memorialistas, convertidos en asunto historiográfico propio, han venido dedicando sus estudios al sistema concentracionario que el franquismo, como una pieza más en su duro engranaje represivo, levantó. El último de esos investigadores ha sido Carlos Hernández que, con su libro «Los campos de concentración de Franco» (Ediciones B, 2019), ha puesto una piedra más en estos estudios. Repasemos aquí, a partir de la obra, las particularidades de los campos de concentración franquistas y su presencia en Asturias.

Campo de concentración de Gijón.
Campo de concentración de Gijón.

Los campos y la «larga sombra de Auschwitz»

Aunque en el imaginario colectivo la denominación «Campo de Concentración» remite casi automáticamente al nazismo y su sistema de exterminio, conviene matizar. En cuanto a la sofisticación y el perfeccionamiento del genocidio, la red engendrada por la Alemania nazi alcanzó alturas que impiden un paralelismo con lo acontecido en España. De hecho, los campos de concentración, como forma de reclusión del enemigo, son antiquísimos. Los ingleses los utilizaron en sus colonias; EEUU encerró a ciudadanos japoneses una vez iniciada la Segunda Guerra Mundial y los españoles  los erigieron durante la Guerra de Cuba. Los republicanos que partieron al exilio tras la derrota ocuparon un sur de Francia salpicado de estos campos: en Argelès o Saint-Cyprien encontraron la muerte miles de españoles que habían pedido auxilio a la Francia democrática.

Tal y como señala Carlos Hernández, «es necesario, por tanto, huir de la larga sombra de Auschwitz al hablar de otros sistemas concentracionarios». No obstante, la ayuda alemana en el levantamiento del sistema represor franquista es evidente, dadas las simpatías entre ambos regímenes. Desde el comienzo de la contienda los asesores del III Reich colaboraron en el perfeccionamiento de la eliminación del enemigo y, como parte sustancial de ello, en la administración de los campos.

Los campos españoles

Enmarcados como una fracción más dentro del sistema general de represión de la «anti-España», se hace difícil la tarea de discernir entre lo que era realmente un campo de concentración, ya fuera esa su denominación oficial o no. Antiguas fábricas, casas, viejas estructuras de todo tipo, extensos campos rodeados improvisadamente de alambre de espino o barracones de nueva y precaria construcción, se adaptaron por todo el territorio para hacinar a la España vencida. El historiador Javier Rodrigo aporta una acertada definición para los Campos de Concentración: «centros de detención ilegal y extrajudicial regidos por la administración militar y utilizados para internar y clasificar, sin juicio, a los prisioneros de guerra y evadidos republicanos (…) y, en ocasiones, a poblaciones civiles de grandes masas de ciudadanos. Y, también, los destinados durante la posguerra y la Segunda Guerra Mundial a internar a los refugiados en España procedentes de Francia.»

La estructura concentracionaria fue paulatinamente conformándose, obedeciendo durante mucho tiempo a la arbitrariedad de los oficiales responsables de cada campo y, por lo tanto, otorgando a cada lugar sus propias características. Será con el inicio de la caída del Frente Norte y con la previsión de una ingente masa de prisioneros cuando Franco ordene la creación de la Inspección General de los campos de concentración (ICCP), al mando del cual ubicó al coronel Luis Martín Pinillos. A partir de aquí, aunque sin demasiada efectividad real, se realizó una clasificación con siete tipos de campos: campos de Vanguardia, en el frente; campos lazareto, de tránsito; campos de clasificación, para investigar y calificar a los presos; campos para formar los Batallones de Trabajadores; campos para prisioneros extranjeros; campos para prisioneros inútiles y, por último, campos para menores. No existieron, por norma general, campos para mujeres ni mixtos, salvo algunas excepciones, entre ellas el asturiano de Arnao, en Figueras.

Las fronteras entre la cárcel y el campo

Dos horrores distintos, cada uno con su tétrica singularidad, con sus nuevos ritos de paso diarios, aprendiendo a toda prisa a vivir en la total ausencia de libertad. En ocasiones, las fronteras entre los campos, las cárceles y otros recintos concentracionarios no son nítidas, hasta el punto de que, a veces, dado el complejo entramado jurídico-administrativo que se encargó de la represión, las propias autoridades de la «Nueva España» señalaban como campos de concentración a recintos que oficialmente no lo eran. Se explica esto por la forma en que se fueron creando: dependieron, hasta bien entrada la guerra, de la voluntad de los oficiales franquistas que iban conquistando las diferentes plazas y que se veían en la necesidad de guardar la masa de enemigos. La arbitrariedad caracterizó todo el entramado. Y fruto de esa celeridad en la construcción del sistema de concentración fue también la falta generalizada de uniformes para los retenidos, a la que encontramos una excepción en Asturias, en La Vidriera: «nos dieron el uniforme de prisioneros, compuesto de una chaqueta, pantalón y gorra gris, sistema de los que llevaban los reclusos en las cárceles de color gris, y tanto en el pecho como en la gorra llevábamos pintada en negro una P muy grande, que significaba «prisionero»», según testimonia Joan Guari.

Un escalón más abajo en esta asfixia colectiva lo ocupaban las cárceles. A las penitenciarías fueron a dar con sus huesos la mayoría de republicanos que fueron considerados enemigos irrecuperables del «Movimiento», individuos que había que depurar irremediablemente. Por su parte, los campos acogieron a personas que la naciente dictadura consideraba recuperables o de  cierta utilidad: recibir o inocular el veneno, ahí estribaba la diferencia. En palabras del General Yagüe: «a los hombres malvados, que en sus entrañas generan veneno, a esos hay que matarlos, pero al envenenado al que se ha dejado seducir y engañar… ¿es necesario matar a un hombre porque una alimaña le haya mordido en la cara? No, a ese hombre hay que llevarlo a un lazareto para desintoxicarlo, a un campo de concentración a que oiga nuestros programas, lea nuestra prensa, vea nuestras películas y sea español, que lo será pronto y en cuanto le convenzamos, lo que se conseguirá en breve plazo, será uno de los más activos camaradas de Falange.»

Con este fin declarado de hacer «españoles», en los campos se llevó a cabo un intensísimo programa propagandístico encaminado a reeducar a los presos. Paredes empapeladas y repletas con diversos carteles que censuraban el divorcio, el matrimonio civil, el ateísmo, la república, el liberalismo o la lucha de clases; rituales «patrióticos» que consistían en la formación en el patio de cientos de internos aguantando infinitos sermones; obligada celebración de nuevas festividades como el 18 de julio; interminables misas y procesos de confesión violada y comunión forzada; proyecciones de películas o préstamo de libros escogidos; todo ello hilvanado con insultos, palizas, golpes y torturas inenarrables que, lo que conseguían, según los testimonios recabados por Carlos Hernández, era el efecto contrario. Estas sufridas ceremonias no debilitaban la moral de la mayoría de presos, que se mantenían firmes en sus convicciones, fueran cuales fueran. El testimonio de un preso en el penal de San Marcos (León) da buena cuenta de ello: «El campo de San Marcos era una fábrica de rojos». El miedo continuado, el hambre, la suciedad, las enfermedades y las torturas, comunes a cárceles y campos, no siempre conseguían su objetivo. Lo dejó escrito Marcos Ana: «se puede temblar sin doblar la frente».

Los campos asturianos

Según se desmoronaba el Frente Norte, entre la traición de Santoña y la superioridad militar de los sublevados, auxiliados por italianos y alemanes, una masa humana de derrotados se agolpaba en cada rincón de la franja norte del país. Para manejar a la muchedumbre hicieron falta nuevos campos, construcciones que serían más o menos estables o provisionales y que comenzaron a alzarse en el País Vasco y la antigua provincia de Santander.

En Asturias, los primeros campos se instalaron en la franja occidental de la región, tras la llegada de las célebres Columnas Gallegas. Hasta entonces la represión había sido ejercida con timidez por un sitiado Aranda, pero con la ruptura del sitio de Oviedo la represión se desboca. Los tres campos, que tendrían una importancia vital en la zona, fueron los de Figueras, Canero y Castropol.

Con la caída definitiva del Frente Norte, el 21 de octubre de 1937, se desató en Asturias una violentísima represión que se llevó por delante entre seis mil y ocho mil vidas, según las últimas investigaciones. Los cuerpos se reparten entre las 343 fosas que están hoy documentadas, más las que aún están sin catalogar y estudiar. Las colas de prisioneros, los intentos de fuga o el maltrato se repitieron en Asturias como en las vecinas tierras de Santander.

Campos de concentración en Asturias

La Vidriera, Avilés
Diciembre 1937/ Noviembre 1939. Estable.
Candás
Noviembre1937/ Septiembre 1939. Estable.
Castropol, (Figueras, playa de Arnao)
Agosto 1937/abril 1938. Larga duración.
Coaña – Ortiguera
Agosto 1937/abril 1938. Estable.
Gijón, La Harinera
Octubre 1937/ abril 1938. Estable.
Grado
Octubre 1937/abril 1938. Estable.
Infiesto
Octubre/noviembre 1937. Provisional.
Llanes-Celorio
Octubre 1937/abril 1938. Estable.
Luarca – Canero
Agosto 1937/ abril 1938. Estable.
Navia – Andés
Octubre 1937/ abril 1938. Estable.
Oviedo, La Cadellada
Octubre 1937/ abril 1938. Estable.
Pola de Siero
Octubre-noviembre, 1937. Provisional.

En la última ciudad asturiana en caer, Xixón, se habilitarían dos campos: uno en la plaza de toros de El Bibio y, el otro, en la fábrica de La Harinera, que permaneció abierto durante unos seis meses. Uno más abriría sus puertas en la capital asturiana. En Uviéu será el antiguo manicomio de La Cadellada, que ocupaba los terrenos donde hoy se levanta el HUCA, el recinto elegido para la concentración de los republicanos detenidos. Improvisando como podían, los mandos militares iban utilizando los recintos que tenían a mano para encerrar a los prisioneros. Es este el caso de Navia, ciudad en la que el cine local fue utilizado para tal fin. Antiguas fábricas, como la de Portanet, en Candás, también se usaron. Además de los citados, albergó el territorio asturiano campos de concentración en La Pola Siero, L’Infiestu o Llanes, en el monasterio de San Salvador de Celorio. El de Grau, al igual que los tres campos del occidente, también fue abierto antes de la caída de Asturias. Allí, del campo, de las cárceles y de las casas salían los prisioneros en dirección a una finca en la misma localidad, conocida como «El Rellán», donde eran asesinados por decenas. Hoy, el lugar está pendiente de una excavación que identifique a las víctimas.

En Avilés abrió el último campo de concentración asturiano, el conocido como La Vidriera. Los primeros días del mes de diciembre de 1937 llegarían los primeros cautivos, que se irían sucediendo en su entrada hasta alcanzar la cifra de 3000 presos. Macabra relación existió en muchas ocasiones entre los campos, los centros de detención y los chalets locales donde los mandos ubicaban los centros de interrogatorios una vez tomadas las plazas. En Grau fue el conocido como «Chalet de Patallo» y, en el caso de Avilés, la «Quinta Pedregal». Allí se torturó hasta la muerte a miles de prisioneros y están documentados cientos de represaliados.

De los casi 300 campos que existieron en España, acogió Asturias un total de doce de diferente tipología, por los que pasaron miles de prisioneros de aquí y de allá; y a los que, vencidos, maltrechos y hartos de batallar, les esperaron años de trabajos forzados como única manera de redimir el delito de fidelidad a un gobierno democrático. Sometidos a las más duras penurias no sucumbieron y lograron sacar fuerzas para el humor, componiendo canciones tristes que ponían melodía a sus nuevas condiciones de vida:

«Dormimos en frías naves,

de cabecera un ladrillo,

esta es la nueva España

que nos trae nuestro Caudillo.

Si me quieres escribir,

y tienes mucho interés,

Campos de concentración

La Vidriera de Avilés»

https://www.google.com/search?q=campos+concentracion+asturias&client=firefox-b-d&source=lnms&tbm=nws&sa=X&ved=0ahUKEwjKwJvdw5biAhWh8uAKHWZ-BnEQ_AUIECgD&biw=1382&bih=890

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Presentación libro sobre los niños de la guerra en Mieres: 29 de abril

22/04/2019 por

Reseña

Tres mil niñas y niños, de entre cuatro y quince años, fueron evacuados a la Unión Soviética, durante la Guerra Civil española y quedaron aislados de sus familias. Son conocidos como los “Niños de Rusia”. En ese país fueron lo que hoy llamamos “refugiados”.

¿Qué fue de ellos? ¿Qué de sus padres y hermanos, quebrados por la ausencia? ¿Qué de los que volvieron? ¿Qué de los que quedaron, para siempre, allí?

Cada cual sería merecedor de su propio relato. Esta novela nos lleva por el hilo conductor del periplo de uno de ellos: Tino, el primero en retornar a España.

Pocos días antes del golpe franquista del 18 de julio de 1936,  con once años de edad,  salió de su casa de Oviedo, para pasar una quincena de vacaciones en la Colonia de Salinas; un campamento de verano en Avilés. No volvió a reencontrarse con sus seres queridos hasta cinco años y medio después.

Los primeros catorce meses quedaría separado de su familia por el cerco de Oviedo. Después saldría, desde Gijón, en una épica navegación hacia el Mar Báltico con destino a la URSS. En la región de  Moscú y en Leningrado viviría sus años de infancia y primera juventud. Combatiente voluntario del Ejército Rojo Soviético, en el frente de Karelia, fue hecho prisionero e internado en un campo de concentración finlandés, dirigido por los nazis, hasta su retorno a España.

La mayoría vivimos una vida pero hay unos pocos a quiénes, el azar, les depara vivir varias dentro de la suya. Aquellos “Niños” tuvieron ese destino.

Sirva esta narración para que, el recuerdo de estas otras víctimas de la guerra y el exilio, no quede en el olvido y porque, la memoria, al igual que la palabra, “es un arma cargada de futuro”. 

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Avilés: La Carriona no olvida

17/04/2019 por

El cementerio estrena el Muro de la Memoria como homenaje a 620 represaliados: «Es un orgullo», dicen los familiares

pablo palomo 15.04.2019 | 02:32

El homenaje de ayer en La Carriona a las víctimas del franquismo.

El homenaje de ayer en La Carriona a las víctimas del franquismo. M. F.

El avilesino Ángel Gutiérrez entró el 8 de abril de 1938 en la quinta Pedregal: nunca más se supo de él. El suyo es uno de los 620 nombres que aparecen recogidos en el Muro de la Memoria del cementerio de La Carriona. A todos ellos se les rindió homenaje ayer en la efeméride la proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931. Los organizadores pretenden ampliar la lista de nombres a recordar a medida que las investigaciones sobre los represaliados por el franquismo progresen.

«Él no murió en la guerra, a él lo asesinaron. Aunque su cuerpo no esté aquí, podemos venir a dejarle un ramo de flores. Para nosotros es un orgullo», señaló Amparo Iglesias, una familiar de Ángel Gutiérrez presente en el acto de ayer, que reunió a cerca de medio centenar de personas en el camposanto avilesino.

El Muro de la Memoria se encuentra cerca de la zona de los osarios y el horno crematorio. Lo forman cuatro placas negras de aluminio de seis metros de largo y dos de alto, con 620 nombres ordenados alfabéticamente. De ellos, 612 fueron asesinados en diferentes lugares de la comarca de Avilés durante el franquismo entre 1937 y 1953. Se completa el listado con otros ocho, los que murieron en los campos de concentración nazis de Mathausen-Gusen.

Carmen García, la investigadora de la Universidad de Oviedo responsable del mapa temático de fosas comunes de Asturias y la encargada de la base de datos de las víctimas mortales de la Guerra Civil y la represión franquista, tomó la palabra: «Progresivamente, haremos una lista de nombres con más represaliados que se irán uniendo a los que ya están. El monumento está incompleto, porque faltan las fechas de la muerte», reconoció. «En Asturias, tenemos 350 fosas comunes, las más importantes están en los cementerios, pero siguen apareciendo algunas que no conocíamos», añadió.

En la lista de demandas, algunos familiares pidieron colocar unas argollas para enganchar la bandera de la República. Ayer, una de las muchas que hubo, estaba apoyada en una papelera, al lado del Muro. «Viva la República», fue la proclama con la finalizó un emotivo acto, en el que se leyó un poema de Antonio Machado. Hubo mucha representación política. Estuvieron los alcaldes de la comarca, Tania González y Llarina González, de Cambia Avilés y la Consejera de Servicios y Derechos Sociales, Pilar Valera, Agustín Sánchez, concejal de Ganemos, entre otros.

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Así fue la proclamación de la República en Asturias

17/04/2019 por

Proclamación de la República en la Plaza del Ayuntamiento de Gijón/
Proclamación de la República en la Plaza del Ayuntamiento de Gijón
ALEJANDRO FERNÁNDEZ

En medio del democrático estallido que había tomado las calles de Madrid se encontraba el periodista inglés Henry Buckley, que narraba así lo que vieron sus ojos aquella tarde. La sensación en la mayoría de ciudades españolas había sido similar: la fiesta popular celebraba el advenimiento de la naciente II República. Era martes y 14 de abril, corría el año 1931. Obreros, campesinos y estudiantes se echaron a las calles para festejar la marcha de un rey que, desde las votaciones del pasado día 12, «no tenía ya el amor de su pueblo», según él mismo reconocía. Aquellas elecciones municipales, convertidas para el país en plebiscitarias, supusieron, en palabras del historiador Enrique Moradiellos, «el acta de nacimiento, pacífico e incruento, de la Segunda República Española». Ocurrió un día como hoy hace 88 años y en Asturias la alegría fue protagonista de la jornada.

Cangas de Onís: el bastón del caciquismo

El mismo Buckley comentaba:

«La coalición republicana había triunfado en casi todas las ciudades. También es verdad que había fracasado en la mayoría de los pueblos, porque los grandes terratenientes y los pequeños caciques controlaban aún a los campesinos y les exigían votar a la derecha. En algunos pueblos, ni siquiera las presiones de los caciques pudieron con las esperanzas que gran parte del campesinado depositaban en la República. Un amigo mío de Ega de los Caballeros, en Aragón, me describía las elecciones del 12 de abril en su pueblo: era impresionante ver como los campesinos, antes de depositar su voto, proclamaban en voz alta que votaban por la República. Los caciques tomaban nota de sus nombres, así como el cabo de la Guardia Civil. Seguro que si la República no hubiera triunfado, la mayoría de ellos se hubiera encontrado en la calle esa misma noche».

Esa hostilidad entre los caciques de los pequeños núcleos rurales y los campesinos se palpó en la casa consistorial del concejo de Cangas de Onís. Allí, reunidas las nuevas autoridades, se hace entrega del bastón de mando al nuevo alcalde, Don Constantino González, que protagoniza una escena con gran carga teatral que representa de forma nítida la pretendida ruptura entre el nuevo y el viejo orden: «en vista de este resultado el presidente proclama alcalde republicano de este excelentísimo ayuntamiento a Constantino González González, que pasa seguidamente a ocupar la presidencia, recibiendo el bastón insigne de su cargo de mano de don Francisco Pendás González, miembro del Comité Republicano de esta ciudad, cuyo señor le hace entre de bastón de nuevo uso, pues el que hasta la fecha fue usado por los señores alcaldes de este ayuntamiento, lo rompe el señor Pendás entre los aplausos y vivas del público, porque el primer alcalde republicano de Cangas de Onís, no debe usar el bastón que usaron los alcaldes de la Monarquía y del caciquismo. El señor alcalde da las gracias por la distinción de que ha sido objeto (…) y en general a los electores que dando muestra de gran civismo dieron un triunfo resonante a la causa de la república, derribando a la monarquía sin más armas que el sufragio revelador de la voluntad nacional…»

Momentos antes de tener lugar esta entrega del bastón de mando, en la misma localidad, el nuevo régimen había sido recibido «organizándose una manifestación que recorrió las calles dando vivas a la República española; al llegar al ayuntamiento la muchedumbre prorrumpió en vivas y aplausos al ver izada la bandera tricolor; se hace un corto silencio para oír la palabra de Paco Pendás que exhorta al pueblo a que se conduzca con todo orden y respeto trasladándose a la puerta del casino donde dirigen la palabra desde el balcón central el reformista Cesáreo del Valle y el joven republicano don Ramón Somoano, ambos muy aplaudidos, y recomendando orden, mucho orden, terminan los oradores invitando a los manifestantes a que se retiren con mucho orden», según el diario «Región» del 17 de abril.

Con orden, con mucho orden llegó, efectivamente, la república. Entre todas las manifestaciones asturianas no se encontraron incidentes o enfrentamientos de gravedad y la «fiesta popular» transcurrió con civismo y tranquilidad. Buena cuenta de esa serenidad que sucedió a las elecciones en la provincia, así como la acogida de los resultados por parte de las masas populares, es el editorial del conservador diario «Región» que, en su portada del 14 de abril, bajo un encabezamiento que rezaba «Los reformistas y los viejos conservadores, derrotados en Asturias», rezaba: «Triunfo republicano. El momento es serio. Las gentes, triunfantes o derrotadas en el distrito concejil, olvidan sus luchas para mirar suspensas el espectáculo de la España de conjunto con un triunfo tan extenso de la opinión republicana, sorpresa y preocupación de los propios triunfadores. Felicitémonos, en primer término, de la manifestación de civilidad que ha hecho el país. ¡Así es como procede un pueblo! ¿Hay una vía legal? Hay que seguirla y agotarla. Toda la persuasión, todas las propagandas, todos los medios de orientación y de enseñanza, pero la violencia ¡no!… ni del lado de los aspirantes a la remoción del régimen y, mucho menos, de parte del Guardián de la ley, que es el Gobierno. Lección de educación cívica (…) nada hay más ejemplar en los anales de la historia constitucional de España.»

De Llanes a Arriondas, cohetes y entusiasmo

De esta forma, en el resto de la región se van sucediendo las muestras de adhesión, tanto en pequeños pueblos como en localidades más grandes. Por el oriente, tanto en Llanes como en Arriondas, se dieron espontáneas procesiones laicas hacia los ayuntamientos y las plazas públicas. En la villa de Llanes «se organizaron distintas manifestaciones, que recorrieron la población en medio de gran entusiasmo. Desde un balcón del ayuntamiento dirigió la palabra a los manifestantes el concejal republicano D. Felix Fernández Vega. Para festejar la proclamación de la República se celebrará esta noche en dicho pueblo una verbena popular», y en la capital del concejo de Parres «al llegar las primeras noticias de la proclamación de la República, el pueblo las acogió con delirante entusiasmo disparándose infinidad de cohetes. Próximamente, a las siete de la tarde se formó una nutridísima manifestación que recorrió las calles dirigiéndose al Ayuntamiento, donde fue izada la bandera republicana en medio de atronadores aplausos, arrojándose después el retrato del rey a la calle, donde fue destruido y quemado por la multitud. Desde un balcón de las consistoriales dirigieron la palabra al público los siguientes republicanos: Don Manuel Llanos, don Luis Fernández Caso, don Severino Gutiérrez y don David Llamedo, que aconsejaron fuera disuelta la manifestación en medio del mayor orden y cordura. Al paso de la manifestación por las calles el comercio cerró sus puertas. Más tarde un grupo de jóvenes puso los nombres de Galán y García Hernández en los sitio donde en otra ocasión se había puesto las placas que daban nombre a algunos colaboradores de la dictadura. Por la noche siguió la alegría por las calles organizándose bailes y grupos que daban vivas a la República».

La Marsellesa en Gijón, la bandera en Oviedo

Oviedo y Gijón, donde los acontecimientos ocurrieron de forma semejante, no se quedaron atrás en su celebración. En Oviedo «los estudiantes recorrieron la población llevando a la cabeza la bandera republicana y dando vivas a la República. No hubo incidentes (…) Después, ocupando varios automóviles, se dirigieron al gobierno, con el fin de que se hiciera cargo de este Centro Oficial Teodomiro Menéndez. El gobernador les contestó que no tenía conocimiento oficial de la proclamación de la República y que, por ello, no podía entregarles el mando. Los concejales y presidente de la diputación se posesionarán mañana. En la torre de la Universidad ondeaba la bandera republicana.» Y en la villa de Jovellanos, del mismo modo que en la capital, también se desató el entusiasmo en las primeras horas del 14 de abril: «Al conocerse las manifestaciones del presidente del consejo al salir hoy del palacio de que iban a ser consultados los prohombres para convocar a Cortes Constituyentes, se formó una gran manifestación que marchó al ayuntamiento dando vivas a la república. (…) desde el balcón principal habló el concejal electo D. Dionisio Morán, y expuso lo que habían dicho al alcalde. Luego aconsejo a los manifestantes que se disolvieran con orden. Sus palabras fueron acogidas con vivas delirantes. Reina enorme excitación. Numerosas orquestas interpretan La Marsellesa. No cesan los vítores a la República».

La prensa notició así las diferentes manifestaciones que habían invadido gran parte del país y de la región. Desde que a las 6:00 de la mañana se izara la bandera tricolor por primera vez en la localidad de Éibar hasta ya entrada la noche, las muestras de entusiasmo fueron la tónica general aquel 14 de abril de 1931. La alegría fue como un paréntesis en la compleja situación que vivía España y contrasta con lo que, pocos años después, tendría lugar.

Llegó la República con decisión y apoyo a un país que salía de una dictadura militar, y cuyas esperanzas podrían resumirse con la frase que el personaje de Don Gregorio, interpretado por Fernando Fernán Gómez en «La lengua de las mariposas», le espeta al sacerdote del pueblo: «Libertas virorum fortium pectora acuit». Que quiere decir: «La libertad estimula el espíritu de los hombres fuertes».

https://www.elcomercio.es/sociedad/historias-asturias/proclamacion-republica-asturias-20190414035110-nt.html

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